Y de repente era 26 de septiembre ya! Volaba el tiempo más que el viento. El camino que había comenzado a final de agosto ya había llegado al fin. Ya había abrazado al Apóstol, ya había llorado emoción al apreciar la belleza de la Catedral de Santiago, ya había rezado, ya había agradecido…
Atrás quedaban los senderos, las heridas en los pies, las conversaciones bajo las estrellas, el beso aquel, las tiritas en los dedos, el silencio…
Estaba en Compostela. Piedra, historia y cielo. Estaba feliz. Estaba a punto de subirse a un autobús: viajaría a Finisterre, al faro, al atardecer, a la inmensidad del mar. Luego con un amigo iría a Brión, a contemplar los fuegos de artificio en honor a Santa Minia. Y el 28 se iría a Madrid. Toreaba el mago. Luego a ver toros a Las Rozas…
María sonrió feliz…
La protagonista de mi novela sobre el Camino acaba justo así, y se llama María
Dedicado a mi amiga María Basurto
A Carlos, buen camino
A Natalia
A mi Luis
A los toros en Las Rozas
A Brión
A mi mago
A mi amigo Roberto
Y a mi flamenco


