Algo más que palabras, por: Víctor Corcoba Herrero
Escritor / corcoba@telefonica.net
Tenemos que mejorar los cimientos éticos, luego es menester levantarse
siempre, a pesar de las dificultades que muchas veces nosotros mismos generamos,
con actitudes indecentes y salvajes. Hay quien dice que el auténtico avance humano
radica, precisamente, en ese empuje moral, que es el que nos humaniza. Quizás
tengamos que tomar conciencia y aprender a correspondernos más y mejor con ese
mundo laboral, y por ende, despojarnos de todo egoísmo, para activar un sentir
responsable social y corporativo, como especie hermanada y pensante. Por ello,
el deber de dignificarnos es primordial y hemos de hacerlo sin exclusiones, con
un trabajo decente, lo que conlleva un salario digno, unas condiciones
laborales justas y un quehacer humanizado, capaz de realizarnos como personas,
y que ha de estar por encima del capital, del beneficio y del mercado.
En efecto, hay que promover una salida de este estado salvaje, sin
honestidad alguna, para dar paso a otro mundo más civilizado, en comunión con la
vida, donde cada cual pueda sentirse reencontrado con su análogo, y no
enfrentado. Por desgracia, las políticas hace tiempo que han perdido ese
universo de ideales conciliadores y de diálogos auténticos, de servicio
incondicional y desinteresado, para dar erupción a una legión de personajes
titiriteros y corruptos, que más que servidores de lo público, han fomentado el
departamento de espectáculos. Hemos de volver, por tanto, a esa dimensión social
de trabajar para el beneficio social de toda la Humanidad. Hoy más que nunca,
sin duda, es esencial trabajar juntos por el bien común, con el mejor liderazgo
posible, ya que es un servicio de mucho sacrificio y dedicación, especialmente
en un momento de tantas dificultades como el presente.
Urge, en consecuencia, elevarse y ennoblecerse como ciudadanos de bien;
dispuestos a compartir horizontes y a soñar con otro mundo más pacífico. No
fabriquemos más armas, por favor. Entremos en conversación, con la empatía
necesaria para el consenso, y así se propagarán
noticias esperanzadoras que nos despertarán el ánimo. Ahora sabemos, por
ejemplo, que doscientos niños de Sudán del Sur ya no tendrán que tomar las
armas a diario. Los grupos armados los han liberado de sus filas tras unas
negociaciones apoyadas por UNICEF, que ha destacado que “por cada niño
liberado, se marca el comienzo de una nueva vida”. Se espera que sean mil los
menores que dejen la guerra en los próximos meses, pero aún quedan 19.000 niños
soldados en el país africano. Algo es todo, conviene recordarlo, como que la
primera condición para generar un clima armónico, es tener voluntad de
conseguirla.
Indudablemente, el querer lo es todo en la vida. Es la energía interna
de cada cual la que nos trasciende y nos transporta. A propósito, también este
año, se celebra el octavo “Diálogo
sobre armonía con la naturaleza”, el día 23 de abril en la Sede de la
ONU de Nueva York. Pensamos que esta plática interactiva es una buena
plataforma para tratar temas como la producción sostenible y los patrones de
consumo. Asimismo, el coloquio quiere fomentar que los ciudadanos y las
sociedades se conciencien sobre cómo se pertenecen y cómo pueden acoplarse con
el mundo natural; al mismo tiempo, pretende mejorar los cimientos moralistas de
la relación entre la Humanidad y la Tierra, en términos de desarrollo
sostenible, puesto que si la Tierra y sus Ecosistemas son nuestro hogar,
también el cuerpo y el espíritu son nuestra vida a proteger, lo que nos reclama
un respeto innato el uno por el otro; ya que, de lo contrario, nuestra propia
existencia deja de ser aceptable.
De ahí, que por la concordia todo se engrandece, mientras la discordia
todo lo destruye. La esperanza nos espera siempre para abrazarnos. Dejémonos
envolver por su estimulante vital, muy superior a la suerte e inmensamente
vivificador de nuestros días. Con razón, se dice, que la ilusión le concierne a
quien camina, pues es el caminante mismo salvaguardándose, revelándose contra
sí mismo.


