Como si acariciara el papel dorado y blanco.. y como si se alimentara de su esencia.. así y justo así había abierto él aquel caramelo. Era un caramelo de pétalo de rosa, aterciopelado, sabroso, exquisito y único..
Y al meterlo en la boca y empezar a degustarlo recordó a Talavante! Había toreado la tarde anterior en la plaza de Pontevedra. Y había sido también así: excelente, magistral, mágico, mago, Maestro, etéreo, eterno, puro..
Con su capote caro de aroma susurrante, con su mística estampa de junco torero, muleta hechizada y larga larga y honda honda, con su ole y con su Ale. Y con su verdad… El caramelo era divino…
Y Talavante había sido tarde de caramelo…
Dedicado a mi mago Talavante, con todo mi cariño!
A la familia y cuadrilla talavantina
A mi hermana
A Vicente Amigo
A la gente que sabe estar..
A mi flamenco
A mi Luis, con dos besos!
A mis amigos de Málaga
Y a Ramiro


