El primer debate presidencial entre Donald Trump y la vicepresidenta Kamala Harris, celebrado el 10 de septiembre de 2024 en Filadelfia, ha tenido un impacto significativo en la campaña electoral de ambos candidatos. Mientras Harris gana impulso, el equipo de Trump ha emprendido una estrategia de control de daños ante la percepción de una actuación decepcionante del expresidente.
Durante el debate, Harris se mostró firme y elocuente, lo que ha sido valorado positivamente por algunos votantes indecisos. Sin embargo, también ha enfrentado críticas por evitar respuestas directas sobre temas clave, como la economía y el fracking. A pesar de esto, la campaña de Harris considera el evento como un momento crucial para consolidar su posición.
Por su parte, Trump no logró capitalizar el debate para subrayar las vulnerabilidades de su oponente, lo que ha generado preocupación dentro de su equipo. Analistas sugieren que podría haber sido una de las últimas oportunidades para que Trump cambie la narrativa de cara a las elecciones.
A pesar de ello, el expresidente y sus aliados en los medios conservadores han intentado minimizar el impacto negativo y recalcar que las elecciones seguirán siendo muy reñidas.


