En un paso histórico para la justicia francesa, el tribunal que juzga el caso de Gisèle Pélicot ha tomado la inédita decisión de proyectar públicamente los videos que documentan las violaciones que sufrió la víctima. Gisèle fue drogada por su propio esposo, Dominique Pélicot, quien permitió que más de 50 hombres la violaran mientras estaba inconsciente. Estos videos, que se habían prohibido para el público y la prensa inicialmente, ahora se presentan como prueba clave en un juicio sin precedentes que involucra a 51 acusados de violación agravada.
La decisión del tribunal de hacer pública la proyección de estos videos fue tomada después de una fuerte insistencia por parte de los abogados de la víctima. La proyección se realizará únicamente cuando sea considerada fundamental para “contribuir a la verdad”, y se dará un aviso previo para que cualquier persona que lo desee pueda abandonar la sala de audiencia debido al carácter sensible de las imágenes. Se trata de una decisión sin precedentes, tanto por la naturaleza de los videos como por el impacto emocional y psicológico que pueden tener en el público.
Desde el inicio del proceso, Gisèle Pélicot había expresado su deseo de que las audiencias fueran públicas, con el objetivo de mostrar la cruda realidad de la violencia sexual y ayudar a cambiar la percepción y el tratamiento de estos casos. “Para cambiar las cosas, hay que mirar esta realidad de frente”, señalaron sus abogados, Stéphane Babonneau y Antoine Camus. Este caso busca exponer la gravedad de las violaciones y el impacto que tienen en las víctimas, no solo como un acto de justicia personal, sino como una herramienta para generar conciencia en la sociedad.

Durante la proyección de los videos, varios de los acusados evitaron mirar las imágenes, mientras que Dominique Pélicot, el principal acusado y esposo de la víctima, se cubrió el rostro. Cuando su abogada le preguntó por qué no había visto los videos, Pélicot respondió que sentía “vergüenza” y “asco” después de haber sido detenido en 2020 y pasar cuatro años en prisión.
La difusión de los videos también permitió que el público enfrentara directamente la realidad de estos actos. Alessio, un joven de 18 años que asistió a la proyección, señaló la importancia de ver los hechos con sus propios ojos para tomar conciencia de la gravedad del asunto y para evitar que las generaciones futuras cometan los mismos errores.
El juicio involucra a 50 hombres acusados de violar a Gisèle Pélicot, algunos de los cuales alegan no recordar los hechos o justifican sus acciones bajo excusas que han sido duramente criticadas durante el proceso. Los abogados de la parte civil han insistido en que este juicio no solo busca la condena de los culpables, sino también una reflexión profunda sobre la forma en que la sociedad enfrenta los casos de violación.
Para los representantes de Gisèle, la publicación de los videos es una manera de visibilizar lo que significa una violación y su brutalidad. Afirman que, aunque es tarde para revertir el daño que sufrió Gisèle, su lucha puede evitar que otras mujeres sean víctimas de actos similares en el futuro.

Los abogados de la defensa han intentado oponerse a la proyección de los videos, argumentando que su difusión atenta contra la dignidad de los acusados y del propio proceso judicial. No obstante, el tribunal decidió que la proyección era necesaria para contribuir a la búsqueda de la verdad, considerando que el deseo de la víctima debía prevalecer en este contexto.
Este juicio, marcado por la brutalidad de los hechos y la decisión de hacer públicos los detalles más oscuros, ha generado un debate profundo sobre el manejo de los casos de violencia sexual en Francia y sobre el derecho de las víctimas a que se visibilice su sufrimiento como un medio para prevenir futuros crímenes.
La decisión de proyectar los videos es vista por muchos como un acto de justicia que tiene el potencial de cambiar la manera en que se enfrentan los casos de violencia sexual, no solo en Francia, sino en el mundo entero.


