El 28 de noviembre de 2024, Rusia lanzó un ataque masivo contra la infraestructura energética de Ucrania, provocando cortes de electricidad que afectaron a más de un millón de personas en todo el país. Moscú afirmó que estos ataques eran una represalia por el uso de misiles ATACMS de fabricación estadounidense por parte de Ucrania en territorio ruso.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, condenó el uso de misiles de crucero con municiones de racimo por parte de Rusia, calificándolo como una escalada significativa del conflicto. Las regiones más afectadas incluyen Kiev, Donetsk y Dnipropetrovsk, donde se implementaron cortes de energía de emergencia para estabilizar la red eléctrica.
Este ataque ha exacerbado la crisis energética en Ucrania, que ya había perdido aproximadamente la mitad de su capacidad de generación eléctrica debido a ataques previos y la ocupación de instalaciones clave, como la planta nuclear de Zaporiyia.
La situación plantea desafíos significativos para la población civil, especialmente con la llegada del invierno y las bajas temperaturas.
En respuesta, las autoridades ucranianas han intensificado los esfuerzos para reparar la infraestructura dañada y han solicitado a la comunidad internacional asistencia adicional en defensa aérea y recursos energéticos para mitigar el impacto en la población civil.


