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¿En que momento Mérida dejó de ser horizontal?

Marco Cortez Navarrete
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Por Marco Antonio Cortez Navarrete

Ya se, ya se: “todo evoluciona, todo cambia, para bien o para mal, pero así es, es una realidad irrefutable”.

Reflexiono de esta manera al enterarme que hoy martes 3 de diciembre se presentó en el Ayuntamiento de Mérida el libro: “Mérida, ciudad Refugio” según entiendo con autoría de Abraham Jesús Colli Tun, de la UNAM, y Claudia Dávila Valdez, de la UADY; Pedro Lewin Fisher, Luis Ramírez Carrillo y Estela Guzmán Ayala, fueron los comentaristas de la obra.

En un post de Twitter, a cargo de la periodista Katia Rejón, adelantó que “la migración de personas de otras partes de México a Mérida es un tema bien complejo por donde se mire” y agregó que “este libro recopila experiencias de personas que llegaron a la ciudad en los últimos 10 años”.

Ahora voy yo y corroboro lo dicho por la periodista Rejón y plasmado en el libro, con toda certeza, por sus los autores y confirmado seguramente por quienes fueron comentaristas. Mérida ha crecido enormemente en los últimos años, hecho que se hace evidente en sus calles, afirmó en su momento Diana Canto Moreno, ex síndico de la comuna meridana e investigadora del INAH.

Detalló que los orígenes de la explosión demográfica en Mérida son muy variados e identificó cuatro tipos de migración en la ciudad que responden a necesidades diversas pero sobre todo a la calidad, factor determinante en la toma de estas decisiones y que se convierte en uno de los retos de la comuna actual que encabeza Cecilia Patrón Laviada.

Algunas estadísticas muestran que de 2015 a 2020 llegaron a vivir a Mérida —ojo, solo a la capital yucateca— más de 80 mil personas de 83 países de los cinco continentes y de todos los estados del país. “¿Ochenta mil personas?…¿mmm?, estimo una cantidad cuando menos cuatro veces superior si tomamos en cuenta que solo en las costas del litoral de Yucatán se han asentado ya de manera definitiva centenares de extranjeros, específicamente canadienses y estadounidenses y quienes además y de manera gradual hacen valer sus pensiones (dólares canadienses y estadounidenses) adquiriendo predios construidos a principios del siglo pasado ubicados en el primer cuadro de Mérida y convirtiéndolos en restauradas y modernas casas habitación e incluso —por sus tamaños y características— en hoteles, restaurantes, cafeterías, etcétera.

Aquí salta una pregunta que seguramente todo mundo se hace: ¿cuándo comenzó este fenómeno migratorio al bello estado de Yucatán?. Antes de plasmar mi hipótesis quede claro que no acudí a la presentación del libro por razones personales pero puedo afirmar que esto comenzó hace exactamente dieciocho años en la administración de la ex gobernadora Ivonne Ortega Pacheco, hoy diputada federal por Movimiento Ciudadano.

Mérida, la ciudad más segura de México se convirtió en un programa hasta permanente a raíz de un hecho lamentable que se registró al inicio de la gestión de Ortega Pacheco, por cierto, sobrina del también ex gobernador Víctor Manuel Cervera Pacheco, que en paz descanse.

Para apagar el fuego y nivelar las aguas, la entonces ex gobernadora recurrió a los servicios de Luis Felipe Saidén Ojeda nombrándolo titular de la Secretaría de Seguridad Pública, cargo que ocupa desde entonces y pasando por sobre las administraciones de Rolando Zapata Bello, priísta; Mauricio Vila Dosal,
panista; y actualmente Joaquín Diaz Mena, morenista, con la observación que este último ha sido arroz de todos los moles, es decir, PRI, PAN y Morena.

Para finalizar, según mis cálculos, en los últimos no diez sino catorce años, esto es de 2010 a 2024 han migrado al estado entre 350 mil y 400 mil familias, es decir, unas 28 mil 570 familias cada año y, preciso, tal vez me quedo corto, o sea, son muchos más.

El programa “Mérida, la ciudad más segura de México” no tan solo tuvo éxito sino que fue tan pero tan rentable que se prolonga hasta hoy pasado por arriba de gobiernos del PAN, PRI y hoy de Morena.

Tan es así que aquella
cuidad de Mérida romántica , con la gente “tomando aire” en las tardes a las puertas de sus casas, la ciudad de las loncherías, de las calesas y de los trovadores alrededor de la plaza principal, etcétera, etcétera, ya cambió, ya es historia. Hoy vemos no solo al norte de la urbe sino en los demás puntos cardinales como se levantan inmueble de tres, cinco y de hasta 20 pisos. De ese tamaño ya cambió la ciudad capital más importante del sureste de México.

Dejo hasta aquí mi comentario de este martes deseándoles lo mejor para lo que resta de la semana.

Sean felices.

Marco Cortez Navarrete
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