La Organización Mundial del Comercio (OMC) atraviesa una crisis profunda, y los países más pequeños del sur global podrían ser los más afectados por este panorama incierto. Durante su primer mandato, Donald Trump sorprendió a sus socios comerciales al desafiar las instituciones multilaterales, incluidas la OMC, argumentando que estas iban en contra de los intereses de Estados Unidos. Su enfoque de “América primero” ha transformado las dinámicas comerciales, privilegiando acuerdos bilaterales donde Estados Unidos pueda obtener mayores ventajas.
Para muchos, este enfoque unilateral podría marcar el fin del orden comercial internacional tal como lo conocemos. En palabras de Heribert Dieter, experto en comercio de la Fundación Ciencia y Política (SWP), “la OMC está en una situación crítica y es una sombra de lo que fue”. La falta de un sistema de resolución de disputas eficaz y la creciente fragmentación geopolítica auguran un futuro incierto para el comercio multilateral.
El impacto de un posible colapso de la OMC sería especialmente dramático para los países más pequeños. Según un estudio conjunto del Instituto Kiel para la Economía Mundial (IwF) y el Instituto Austriaco de Investigaciones Económicas (WIFO), la desaparición de la OMC podría reducir el Producto Interno Bruto (PIB) de la UE, con consecuencias más graves para China y Alemania. En el peor de los casos, el PIB real de China podría caer hasta un 6% a corto plazo.
El economista Heribert Dieter prevé que, aunque la cooperación comercial internacional podría persistir a menor escala, los países más pequeños verían aún más dificultado su acceso a acuerdos comerciales globales. En regiones como África y América Latina, muchos países ya enfrentan una integración deficiente al sistema comercial internacional, lo que les coloca en una posición vulnerable en caso de una mayor fragmentación del orden global.
Aunque algunos analistas creen que podría haber un resurgimiento de acuerdos más pequeños y específicos, la incertidumbre y los desafíos para los países en desarrollo parecen ser inevitables. Según el exembajador alemán Michael Schaefer, el futuro es “turbio y sombrío” para los países más pequeños que dependen de las reglas del comercio multilateral para acceder a mercados más grandes.


