Y la niña que encontró el capote se llamaba Minia. Inmediatamente lo entregó y poco tardó la propietaria en recuperarlo. Era una niña, también. Y se llamaba María. Con las emociones había extraviado su capote, y al encontrarlo de nuevo rompió en llanto. Eran lágrimas de oración, de amor, de sal…
Su hermano soñó ser torero.
Nueve años tenía ella, y el doble hubiera cumplido el hermano, si la crueldad de un martes de niebla no hubiera provocado el accidente. Había fallecido en febrero, mes tan bonito! Y la niña y sus padres viajaron a Brión para rezar delante de Santa Minia. En septiembre… los últimos días..
La abuela le tenía mucha fe… Y también Lucas, el joven que quiso ser torero..
Y, así, en franca y pura comunión Minia y María compartieron susurros con la santa, aquella a la que de niña mataron por sus creencias: santa, virgen y mártir. Y las velas que encendieron iluminaron sus sendas, y llevaron hasta el cielo ecos de tradición y de afecto… Qué bella es la esperanza!
Pude haber escrito mil historias con santa Minia como protagonista y elegí esta por homenajear el toreo. Por ejemplo…
Mi abuela tenía mucha fe en Santa Minia.. la adoraba. Por ella amamos esta época. Hoy, como ayer, por estos tiempos difíciles, cada uno buscará un lugar para escuchar misa guardando la distancia de seguridad, pero con fervor. Son las cosas que importan!
Dedicado a mi abuela
A María: feliz bautizo
A cada joven que quiere ser torero
A cada ser que trabaja y engrandece el toreo
A mi Luis
A Albriux
A Santa Minia
A la fe y a las tradiciones españolas


