La explosión registrada en la colonia San Felipe, Umán, no solo dejó daños materiales y un trabajador lesionado: expuso un problema que muchos vecinos ya venían denunciando, la presencia de supuestos laboratorios clandestinos dedicados al manejo ilegal de combustible.
Que estas operaciones ocurran a unos metros de viviendas y servicios esenciales, como la planta de agua potable, revela un riesgo que va más allá de la ilegalidad: pone en juego la seguridad de cientos de familias.
Hoy, la pregunta no es quién atendió la emergencia —porque los cuerpos de rescate respondieron de inmediato—, sino quién permitirá que estas actividades sigan operando bajo la mirada de todos.
La explosión en Umán debería ser un punto de quiebre: o se enfrenta de raíz este problema, o seguiremos contando los estallidos como si fueran simples accidentes.


