Ayer, sábado 20 de septiembre, en el Coliseo de Puerto Rico, Bad Bunny cerró su residencia “No me quiero ir de aquí: una más” con un espectáculo que el cantante logró convertir en algo mucho más íntimo que un simple concierto. La noche 31 de su residencia no fue solamente el fin de sus conciertos ahí, fue su regreso nostálgico a casa, un momento para traer de vuelta sus recuerdos y a su gente.
Además, el show coincidió con los ocho años del paso del huracán María sobre Puerto Rico, que en 2017 dejó a toda la isla sin servicio eléctrico, afectado hasta hoy con cicatrices visibles e invisibles. Benito hizo algo que no todos los artistas siguen tomando en cuenta. Agarró el dolor colectivo que habita en su hogar para darle visibilidad con un show alegre, lleno de baile y cantos fuertes que muestran la fortaleza que reside con ellos.
La canción “VOY A LLeVARTE PA PR” no se cantó, se gritó y la convirtió en algo más que unas frases, mostró la energía de miles de puertorriqueños con ansias y ganas de sacar a su país adelante, demostrando que la gente siente orgullo por su isla, su cultura, su música y su resistencia.
En total fueron 31 noches de residencia, treinta y una oportunidades en las que Bad Bunny demostró de qué están hechos. Además el impacto económico de estos shows fue histórico: se calcula en 713 millones de dólares, casi el doble de lo esperado, demostrando cómo la música (algo que aparte los caracteriza por destacarse en ese ámbito) es un factor que puede mover la economía de una isla.
Todo de estas noches estuvo cuidado al detalle, la presencia de otras figuras que forman parte de su historia, la invitación de Marc Anthony uniendo generaciones y destacando orgullo, los colores, la escenografía de La casita, la ropa y la selección de canciones para que la gente no deje de sentirse en una fiesta como ellos bien saben disfrutarlas.
La escenografía de “La casita” no fue nada más porque sí, fue un símbolo que Benito concibió como un homenaje a las casas tradicionales puertorriqueñas: estructuras modestas de madera o cemento pintadas de colores vivos, con balcones y patios donde se convive, se canta, se llora y se celebra.
La idea fue trasladar al escenario el concepto de hogar, ese espacio íntimo donde la vida cotidiana ocurre y donde, tras el huracán María, muchas familias lo perdieron todo. Con La casita, Bad Bunny no solo evocó la nostalgia de lo que significa tener techo y raíces, sino que convirtió al Coliseo entero en un lugar familiar, en un refugio simbólico para su gente.
“No me quiero ir de aquí” además de ser el título de su concierto, fue una declaración. Benito es consciente de que Puerto Rico es su refugio, tiene todo su corazón y ha sido su motor en su carrera artística. A pesar de toda la fama que ha alcanzado, para él, lo más lindo siempre será volver a casa y agradecerle a su gente por todo el apoyo que recibe de ellos.


