El Papa León XIV intervino recientemente en la conferencia internacional Refugiados y migrantes en nuestra casa común, celebrada en el Augustinianum, para destacar la gravedad de la crisis migratoria global, que afecta a más de 100 millones de personas desplazadas.
En su discurso, el Pontífice advirtió sobre el riesgo de caer en lo que denominó la “globalización de la impotencia”, una actitud paralizante que nace cuando el sufrimiento ajeno provoca silencio y resignación, creyendo que ya no hay nada que hacer. Esta forma de inacción debe ser confrontada con lo que llamó una “cultura de la reconciliación”, una postura activa marcada por el perdón, la escucha, el reconocimiento del otro y un compromiso real para sanar heridas provocadas por conflictos prolongados.
León XIV instó a los participantes —entre ellos ONGs, organismos académicos y actores comunitarios— a traducir la reflexión en planes de acción que abarquen cuatro componentes fundamentales: enseñanza, investigación, servicio y apoyo.
Enfatizó que los migrantes y refugiados pueden convertirse en “testigos privilegiados de esperanza” gracias a su resiliencia y fe, incluso ante caminos difíciles. Su papel no se limita al sufrimiento, sino que se torna ejemplar al mantener la esperanza viva, al creer en un futuro de dignidad para todos.
Finalmente, el Papa León XIV convocó a elevar el sentido de urgencia y solidaridad, recordando que no se trata sólo de políticas, sino de gestos concretos —acciones que sanen corazones y mentes— para construir comunidades que reconozcan la dignidad de cada persona humana como centro de toda solución.


