La presidenta Claudia Sheinbaum admitió públicamente que fue “difícil anticipar” la magnitud de las lluvias que azotaron recientemente cinco estados del país, dado que no existían indicios científicos o meteorológicos que permitieran prever una precipitación con la intensidad que finalmente se registró.
Durante su conferencia matutina, la mandataria explicó que, aunque se emitieron alertas de lluvias fuertes en diversas zonas, los fenómenos que confluyeron generaron una intensidad inesperada. A diferencia de huracanes o ciclones —cuyas trayectorias y evolución pueden monitorearse con varios días de anticipación—, las precipitaciones del pasado fin de semana se manifestaron de forma abrupta y compleja, lo que impidió advertir su magnitud con suficiente antelación.
Hasta el momento se han reportado 64 personas fallecidas y más de 60 como desaparecidas, siendo los estados más afectados San Luis Potosí, Hidalgo, Puebla, Querétaro y, sobre todo, Veracruz. Muchas comunidades quedaron incomunicadas y con daños severos en infraestructura, vivienda y servicios básicos.
Sheinbaum anunció que el gobierno federal fortalecerá los sistemas de monitoreo y alerta temprana para fenómenos meteorológicos extremos. Para ello, se conformarán dos grupos de investigación científica —uno para el Pacífico y otro para el Atlántico— que estarán coordinados por la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación y la Secretaría de Marina. También se proyecta instalar boyas en el Pacífico para mejorar la detección oportuna de alteraciones atmosféricas.
El secretario de Marina, almirante Raymundo Morales, detalló que las lluvias intensas se originaron por la coincidencia de múltiples sistemas meteorológicos entre el 7 y 9 de octubre: una tormenta tropical en el Pacífico (Priscilla), otra cerca del Golfo de Tehuantepec (Octavio), una baja presión frente a Veracruz y un frente frío proveniente de Texas que interactuó con un frente cálido, generando una línea de vaguada que atravesó el centro y oriente del país.
Además, alertó que los suelos ya estaban saturados por lluvias acumuladas durante el año, los ríos al límite de su capacidad y los cerros debilitados, lo que exacerbó el riesgo de desbordamientos, deslaves e inundaciones. En este contexto, dijo, identificar con precisión cuánta lluvia caerá resulta una tarea extremadamente compleja.
La presidenta afirmó que, aunque se emitieron alertamientos en los municipios afectados, “difícilmente” se habría contado con el conocimiento previo suficiente para enfrentar un evento de esta magnitud. Este contraste entre lo previsible y lo súbito resalta un reto persistente en el país: la capacidad científica, técnica y logística para anticiparse a estos eventos extremos y reducir su impacto en la población.
Con esta declaración, Sheinbaum reconoce una limitación del sistema actual de monitoreo meteorológico en México. Al mismo tiempo, su anuncio de fortalecer capacidades científicas y de alerta anticipada es una respuesta directa al reclamo social frente a las pérdidas humanas y materiales. El verdadero desafío será que esas herramientas prometidas se traduzcan en alertas efectivas, operaciones de prevención, infraestructura adaptada y resiliencia comunitaria para futuros eventos.


