El papa León XIV iniciará su primera gira internacional tras ser elegido pontífice, con un viaje que lo llevará del 27 de noviembre al 2 de diciembre de 2025 a Turquía y Líbano.
En Turquía, su visita adquiere un significado especial: participará en la conmemoración del 1 700.º aniversario del Concilio de Nicea, un hito histórico del cristianismo en el que se redactó el Credo que aún hoy sustenta gran parte de la doctrina. Allí se reunirá con líderes de distintas confesiones cristianas para una oración ecuménica en la antigua ciudad de Iznik (antigua Nicea), reafirmando su compromiso con la unidad cristiana.
El pontificado de León XIV decide abordar este viaje en un contexto complejo: Turquía es un país predominantemente musulmán donde la comunidad cristiana representa apenas una pequeña minoría. Por ello, su presencia tiene un fuerte valor simbólico: buscar tender puentes entre culturas y religiones, promover el diálogo interreligioso y subrayar la importancia del entendimiento mutuo.
La segunda etapa del viaje lo llevará a Líbano, país marcado por una profunda crisis económica, política y social desde 2019, golpeado por catástrofes recientes —como la explosión del puerto de Beirut en 2020— y por los conflictos regionales. En este país, la visita del pontífice despierta especial expectativa: se prevé un encuentro con jóvenes, una misa al aire libre con capacidad para decenas de miles de personas y un momento de oración en el puerto devastado, como gesto de solidaridad hacia las víctimas y hacia la comunidad.
Para los representantes de organizaciones católicas que trabajan en la región, como L’Oeuvre d’Orient, la presencia del papa representa una oportunidad para que “una palabra franca” llegue a las élites libanesas, y para subrayar la labor de instituciones que, pese a la crisis, siguen prestando servicios esenciales como salud y educación.
Este viaje marca una prueba internacional para León XIV, apenas seis meses después de su elección. Su estilo —a diferencia del de su predecesor— parece inclinarse hacia un enfoque estructurado, diplomático y reflexivo en materia de diálogo interreligioso. La gira refleja la intención de la Iglesia Católica de buscar puentes en zonas convulsas, reafirmar la unidad cristiana —o al menos la coexistencia pacífica entre confesiones— y presentar una voz de paz y reconciliación en medio de tensiones regionales.
Este itinerario, que combina historia, espiritualidad y realidades urgentes, plantea un reto para el pontificado: lograr que el mensaje espiritual tenga resonancia concreta en sociedades fragmentadas, posteriormente de crisis profundas, y en contextos sociopolíticos sensibilizados por el conflicto.


