El director y guionista estadounidense Carl Erik Rinsch fue declarado culpable este jueves 11 de diciembre en un tribunal federal de Nueva York por estafar a la plataforma de streaming Netflix con 11 millones de dólares destinados a la producción de una serie de ciencia ficción que nunca llegó a emitirse.
Rinsch, de 48 años y conocido por haber dirigido la película 47 Ronin, enfrentó cargos relacionados con fraude electrónico, lavado de dinero y transacciones monetarias ilegales, de acuerdo con información difundida por medios internacionales.
Durante el juicio, un jurado popular concluyó que el cineasta solicitó y recibió de Netflix un pago adicional de 11 millones de dólares para completar la serie titulada White Horse —proyecto que ya había recibido previamente cerca de 44 millones de dólares— pero en lugar de destinar esos fondos a la producción los empleó en gastos personales y especulativos.
Las autoridades detallaron que Rinsch transfirió los fondos a cuentas bancarias personales antes de consolidarlos en una cuenta donde realizó inversiones riesgosas y efectuó compras ajenas al proyecto audiovisual. Entre los gastos señalados por la fiscalía se encontraban la compra de un Ferrari y cinco automóviles Rolls‑Royce, millones de dólares en colchones y ropa de lujo, así como honorarios legales relacionados con su divorcio.
Ante el tribunal, Rinsch negó las acusaciones y calificó la situación como un “malentendido”, afirmando que había completado la primera temporada de la serie y que necesitaba los fondos para la preproducción de una segunda. Netflix, por su parte, sostiene que nunca encargó una segunda temporada y que la primera estaba “lejos” de terminarse.
El director se enfrenta ahora a una pena máxima de hasta 90 años de prisión, aunque la sentencia definitiva se encuentra programada para conocerse el 17 de abril de 2026, según reportes de prensa.
Este caso ha generado atención debido al uso de fondos corporativos para fines personales en el contexto de acuerdos de producción cinematográfica y televisiva, así como por las implicaciones legales que representa para las responsabilidades contractuales de creadores en la industria del entretenimiento.


