En un contexto de intensas tensiones geopolíticas y cambios en el panorama energético de América Latina, México ha emergido como un actor central en el suministro de petróleo a Cuba tras la caída de la producción venezolana. Esta dinámica se ha visto acentuada tras la captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por parte de fuerzas estadounidenses y un bloqueo que ha reducido drásticamente la capacidad de exportación de crudo de ese país.
Durante 2025, datos de seguimiento de buques y plataformas especializadas indican que México desplazó a Venezuela como el principal proveedor de petróleo de Cuba, exportando en promedio más de 12 000 barriles diarios de crudo, lo que representó cerca del 44 % de las importaciones energéticas de la isla caribeña. En contraste, las exportaciones venezolanas a Cuba cayeron significativamente en el mismo periodo.
Ante estos hechos, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, aseguró en su conferencia matutina que «no se está enviando más petróleo del que históricamente se ha enviado a Cuba» y explicó que estos despachos se realizan por diversas razones, entre ellas contratos comerciales y ayuda humanitaria.
A pesar de estas declaraciones oficiales, la presencia creciente de crudo mexicano en el mercado cubano ha sido interpretada por analistas como una respuesta directa al colapso de las exportaciones venezolanas, consecuencia de las sanciones internacionales y la fuerte presión de Estados Unidos sobre las exportaciones de petróleo de ese país.
El aumento de los envíos petroleros mexicanos ha generado debate tanto dentro como fuera de la región. Algunos sectores consideran que este apoyo responde a compromisos históricos y estratégicos con Cuba, mientras que otros lo ven como un desafío a las posiciones de Washington en materia energética y política exterior.
Además, especialistas han señalado interrogantes sobre la transparencia en los acuerdos y sobre la capacidad interna de México para sostener tal nivel de exportaciones, dado que el país importa una proporción importante de los combustibles que consume.
En medio de esta reconfiguración del mapa petrolero regional, Cuba continúa enfrentando dificultades energéticas y económicas, caracterizadas por frecuentes apagones y escasez de combustibles, factores que han marcado la vida cotidiana de sus habitantes y la gestión del gobierno insular.
Este cambio en las dinámicas de suministro energético entre México, Cuba y Venezuela representa un giro significativo en el entorno geopolítico latinoamericano, con implicaciones tanto económicas como diplomáticas para los países involucrados.


