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Entrevista de Donald Trump expone plan de supervisión prolongada y control de Venezuela tras la captura de Maduro

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En una extensa entrevista con el diario estadounidense The New York Times publicada el 8 de enero de 2026, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, delineó su visión sobre la situación política y económica de Venezuela tras la reciente captura del presidente Nicolás Maduro y la toma de control de factores claves del poder en ese país sudamericano. Trump afirmó que la supervisión estadounidense sobre Venezuela no será breve, señalando que «solo el tiempo lo dirá» cuánto permanecerá Estados Unidos involucrado directamente en la gobernanza y en el manejo de los recursos del país, una declaración que ha generado amplio debate sobre la proyección de la política exterior estadounidense hacia la nación caribeña. 

Durante la entrevista, Trump respondió de manera ambigua cuando se le preguntó si ese periodo de supervisión duraría meses, un año o más, indicando que sería «mucho más» de lo que se podría anticipar, lo que implica una estancia prolongada de la influencia estadounidense en los asuntos internos de Venezuela. Este enfoque se da en el contexto de la operación militar estadounidense que resultó en la detención de Maduro y de su esposa, ocurrido la semana anterior, y que ha sido presentado por la Casa Blanca como un esfuerzo para combatir el narcotráfico y restablecer la estabilidad en la región. 

Trump señaló que la reconstrucción de Venezuela, particularmente de su debilitada industria petrolera, se llevará a cabo «de una forma muy rentable» y subrayó que Estados Unidos utilizará parte de los recursos energéticos venezolanos para influir en los precios globales del petróleo. El mandatario aseguró que con la supervisión del crudo venezolano se reducirán los costos del petróleo en los mercados internacionales y se canalizarán recursos financieros hacia la población venezolana que, según él, «necesita desesperadamente» apoyo económico. Este planteamiento ha sido interpretado como un intento de integrar los recursos energéticos venezolanos al aparato económico estadounidense, con implicaciones significativas para la estructura de poder y la soberanía nacional de Venezuela. 

La administración Trump también ha mantenido una relación pragmática con el gobierno interino de Venezuela, liderado por Delcy Rodríguez tras la salida de Maduro. Trump afirmó que Washington y las autoridades venezolanas transitorias se están «llevando muy bien» y que estas entregan a Estados Unidos «todo lo que consideramos necesario», en referencia tanto a cooperación política como al acceso a recursos estratégicos. Sin embargo, el presidente estadounidense no ofreció una fecha para la celebración de elecciones en Venezuela ni garantías claras sobre la duración o naturaleza del proceso de transición democrática que muchos actores internacionales consideran crítico para la legitimidad del gobierno venezolano. 

El posible control prolongado por parte de Estados Unidos sobre Venezuela ha generado reacciones diversas en la comunidad internacional y entre analistas políticos. Algunos observadores señalan que la prolongación de la supervisión estadounidense podría equivaler a un tipo de administración extendida sobre el país latinoamericano, lo que podría reinterpretar las nociones tradicionales de soberanía y autodeterminación. Por otro lado, sectores políticos dentro de Estados Unidos han matizado las declaraciones de Trump, insistiendo en que no se busca una guerra interminable o una ocupación militar permanente, aunque la coordinación estrecha con actores venezolanos y el interés en los recursos petroleros podrían sostener la presencia estadounidense en diversas formas. 

En el marco de esta estrategia, Trump también sugirió la posibilidad de viajar a Venezuela cuando las condiciones de seguridad lo permitan, una declaración que subraya la intención de consolidar una presencia diplomática y política más directa en el país sudamericano. A pesar de ello, el presidente evitó especificar si fuerzas militares estadounidenses se desplegarían en territorio venezolano bajo determinadas circunstancias, manteniendo ambigüedad sobre el alcance y la forma de la intervención en curso. 

Las declaraciones de Trump reflejan un enfoque de política exterior marcado por la voluntad de emplear recursos estadounidenses para influir en la reconstrucción y el futuro político de Venezuela, manteniendo un control significativo sobre sus recursos energéticos y extendiendo la supervisión gubernamental más allá de plazos tradicionales. Este posicionamiento redefine las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela en un momento de alta tensión geopolítica y plantea interrogantes sobre los mecanismos legales, políticos y diplomáticos que sostendrán la intervención prolongada de Washington en los asuntos internos venezolanos. 

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