El gobierno del Reino Unido aprobó el proyecto para construir una extensa embajada de la República Popular China en Londres, ubicada en el histórico predio del Royal Mint Court, cerca de la Torre de Londres, en el centro de la capital británica. La decisión fue anunciada el martes 20 de enero de 2026 tras años de debate y retrasos.
Las autoridades británicas, lideradas por el secretario de Vivienda, Steve Reed, y con la participación de agencias de inteligencia como MI5 y GCHQ, aseguraron que los riesgos de seguridad derivados de la construcción del complejo diplomático “pueden ser gestionados” con medidas específicas, aunque reconocieron que no es posible “eliminar todos los riesgos”.
El plan contempla consolidar las sedes dispersas de diferentes secciones de la misión china en Londres en un solo sitio, lo que, según los defensores del proyecto, ofrece ventajas operativas y de seguridad. Sin embargo, críticos de distintas filiaciones políticas manifestaron preocupación por la proximidad de la embajada a infraestructuras sensibles, incluidos cables de comunicaciones subterráneos que conectan con el distrito financiero de la City de Londres, y por la posibilidad de que el edificio se convierta en un centro de espionaje.
Parlamentarios opositores, activistas y residentes locales criticaron la decisión, advirtiendo sobre posibles amenazas a la seguridad nacional y sugiriendo que responde a consideraciones diplomáticas y económicas más que a prioridades de protección interna. Algunos opositores incluso anunciaron que buscarán impugnar la aprobación ante los tribunales, alegando falta de transparencia en el proceso de evaluación.
El primer ministro británico, Sir Keir Starmer, ha planteado que la aprobación de la embajada puede contribuir a fortalecer las relaciones bilaterales con Pekín y facilitar negociaciones comerciales, incluido un viaje de Estado previsto a China. Esto se produce en un contexto de tensión diplomática, en el que Estados Unidos y otros aliados han expresado su inquietud por la expansión de la presencia china en territorio europeo.
El proyecto, que se considera la embajada china más grande de Europa, ha sido objeto de intensos debates públicos durante varios años, incluyendo protestas y análisis de expertos sobre los posibles usos del espacio físico del edificio y las implicaciones para las políticas de seguridad y defensa del Reino Unido. La aprobación marca un punto de inflexión en las relaciones entre Londres y Pekín, mientras se busca equilibrar la cooperación diplomática y comercial con la protección de intereses estratégicos nacionales.


