Los registros abiertos de la ARTF indican que, aunque ha habido un descenso en estos incidentes en comparación con años anteriores —cuando se reportaba un episodio de esta magnitud prácticamente cada día—, la frecuencia de descarrilamientos aún es alta. Entre enero y octubre de 2025 se documentaron 145 descarrilamientos, frente a 163 en el mismo periodo del año anterior, sin contemplar en estas cifras el siniestro ocurrido a finales de diciembre pasado en Oaxaca.
Ese accidente reciente, registrado en Asunción Ixtaltepec, Oaxaca, del cual al menos 13 personas fallecieron y 98 resultaron heridas, fue parte de la red ferroviaria que opera el Tren Interoceánico y ha reavivado el debate sobre la seguridad en infraestructura ferroviaria en México.
Especialistas han señalado que la persistencia de descarrilamientos y de actos de vandalismo “refleja la falta de Estado de derecho y pone en evidencia las bajas condiciones de seguridad para la operación de este modo de transporte”, a pesar de la disminución estadística en dichos eventos.
La preocupación se intensifica ante los planes del gobierno federal de poner en marcha trenes de pasajeros en tramos actualmente usados para transporte de carga, como las rutas del Tren Maya y el Interoceánico. Según los expertos, la vulnerabilidad del sistema podría acentuarse si no se atienden los factores técnicos y de seguridad que subyacen en estos descarrilamientos.
Las cifras mexicanas también han sido comparadas con reportes internacionales, donde incluso sistemas ferroviarios más avanzados —como los de algunas naciones europeas— han registrado incidentes similares, lo que subraya que se trata de un reto global en el sector.
En este contexto, las autoridades y especialistas abogan por una revisión técnica profunda de la infraestructura ferroviaria del país, con miras a reducir aún más la ocurrencia de descarrilamientos y garantizar la seguridad tanto de carga como de futuros servicios de pasajeros.


