El gobierno de México impulsa una estrategia biológica para contener y erradicar la plaga del gusano barrenador del ganado mediante la producción y liberación de moscas estériles, un método de control que busca interrumpir el ciclo reproductivo de este insecto sin recurrir al uso de químicos agresivos. Esta técnica, conocida como técnica del insecto estéril, ha sido empleada históricamente con éxito en varios países y ahora se aplica de forma intensiva ante el repunte de casos en el territorio mexicano, con el objetivo de proteger la sanidad animal y la economía del sector pecuario nacional.
La producción de moscas estériles inicia con la fase conocida como pie de cría, en instalaciones controladas donde se mantiene una colonia base bajo condiciones que preservan características biológicas específicas necesarias para el proceso. En estas instalaciones, las moscas se alojan en jaulas amplias que facilitan su comportamiento natural de vuelo, cortejo y apareamiento. Se alimentan con agua, azúcar y proteína hidrolizada que estimulan la postura de huevos. Tras un periodo de madurez sexual de cinco a seis días, las hembras depositan los huevecillos, que son recolectados diariamente de forma manual para garantizar su viabilidad. La densidad de producción es alta: cada mililitro de huevo puede contener alrededor de 29 mil huevecillos, lo que permite escalar la producción para preparar millones de machos estériles destinados a su liberación en campo.
Una vez recolectados, los huevecillos pasan a una fase de escalamiento en la que se incrementa exponencialmente la producción hasta alcanzar volúmenes que permitan el despliegue masivo de moscas estériles. La eficacia del método depende directamente del número de machos estériles liberados, que deben superar en cantidad a la población fértil de gusano barrenador. Todo el proceso de producción y liberación se lleva a cabo bajo estrictos protocolos de bioseguridad y control de calidad para asegurar que no se liberen insectos fértiles y que se mantenga un suministro constante de ejemplares aptos para la estrategia de control. Las instalaciones están diseñadas con áreas conectadas por túneles y accesos restringidos que evitan fugas accidentales de insectos no esterilizados.
La planta productora de moscas estériles ubicada en Metapa de Domínguez, Chiapas, forma parte central de esta estrategia nacional y registra avances significativos en su rehabilitación. Según datos recientes de autoridades sanitarias, la obra tiene un avance de alrededor de 50 por ciento y se espera que comience a operar en el primer semestre de 2026, con capacidad para duplicar la producción semanal de moscas estériles respecto a lo que actualmente se importa de plantas internacionales. Con la infraestructura concluida, el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) podrá generar alrededor de 100 millones de moscas estériles adicionales por semana, sumándose a los envíos que se han venido realizando desde instalaciones en Panamá para enfrentar la plaga.
La reactivación de esta planta en territorio mexicano responde a un contexto en el que los casos de infestación por gusano barrenador han aumentado, afectando no solo al ganado bovino sino también a otras especies domésticas y silvestres, e incluso presentando casos de miasis en humanos. Las autoridades estiman que la erradicación de esta plaga podría tomar entre año y medio y dos años, por lo que la ampliación de la capacidad de producción de moscas estériles es una pieza clave para contener su avance y proteger la producción ganadera, reducir riesgos productivos y cumplir con los estándares internacionales de sanidad animal. Esta estrategia se implementa como parte de un esfuerzo conjunto entre México y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) para consolidar una infraestructura sanitaria fortalecida en el sur del país.
La técnica del insecto estéril, aplicada a través de la producción masiva de machos estériles y su dispersión en zonas afectadas, representa un enfoque ecológico y sostenible de control de plagas. Al evitar que las hembras silvestres se reproduzcan con descendencia viable, se logra una disminución progresiva de la población del gusano barrenador sin depender de insecticidas, lo cual contribuye a la protección ambiental y a la seguridad alimentaria de la cadena pecuaria en México.
La implementación de este método y la modernización de la infraestructura productiva en México reflejan un esfuerzo coordinado entre instancias gubernamentales, investigadores y productores para enfrentar una de las amenazas más significativas para la ganadería, consolidando una respuesta científica y técnica ante un desafío sanitario de gran impacto económico.


