La politóloga y dirigente del Partido Pueblo Soberano, Laura Fernández Delgado, se convirtió en la presidenta electa de Costa Rica tras obtener una mayoría contundente de votos en la elección general celebrada el domingo 1 de febrero de 2026. Con más del 48 por ciento de los sufragios proclamados por el Tribunal Supremo de Elecciones, Fernández superó el umbral del 40 por ciento necesario para ganar en primera vuelta, evitando así una segunda ronda electoral y superando por una amplia ventaja a su principal rival, el economista Álvaro Ramos del Partido Liberación Nacional, quien obtuvo poco más del 33 por ciento de los votos. La victoria de Fernández la posiciona como la segunda mujer en la historia del país en asumir la jefatura de Estado, tras Laura Chinchilla, y la líder que continuará la fuerza política del presidente saliente Rodrigo Chaves Robles, quien no podía reelegirse por mandato constitucional.
El triunfo de Fernández no solo definió la presidencia. Su Partido Pueblo Soberano también capturó una mayoría de escaños en la Asamblea Legislativa costarricense, obteniendo 31 de los 57 diputados, lo que le permitirá impulsar su agenda y gobernar con mayor control institucional en los próximos cuatro años. No obstante, el partido no alcanzó la mayoría cualificada necesaria para emprender reformas constitucionales profundas sin el apoyo de otras fuerzas políticas, lo que obliga a negociaciones con la oposición en asuntos de gran envergadura como reformas judiciales o cambios estructurales del Estado.
El contexto electoral estuvo marcado por un aumento significativo de la preocupación ciudadana por la inseguridad y el crimen organizado, temas que Fernández colocó en el centro de su campaña. La nueva presidenta electa prometió continuar y ampliar las políticas del gobierno de Chaves, centradas en la seguridad, la reducción de la violencia y la lucha contra las organizaciones criminales que, según analistas, han socavado la percepción de seguridad en un país tradicionalmente considerado uno de los más estables de la región. Parte de su propuesta incluye la construcción de una cárcel de máxima seguridad y medidas severas contra pandillas y narcotráfico, inspiradas en modelos de otros países centroamericanos.
Tras la confirmación de su victoria, Fernández ofreció un discurso donde moderó el tono confrontativo que había caracterizado parte de su campaña y de la de su mentor político. En su primera conferencia como presidenta electa, Fernández aseguró que su gestión buscará la concertación nacional, respeto a las libertades y al diálogo con la oposición, al tiempo que reafirmó su compromiso con la lucha contra el crimen y la continuidad de las políticas públicas que, según ella, responderán a los anhelos de la población. También destacó la necesidad de cooperación internacional, manteniendo relaciones con socios tradicionales y abriendo espacios para nuevas alianzas.
La elección de Fernández es percibida en la región como parte de un patrón más amplio de avances de liderazgos conservadores o de derecha en América Latina, en un contexto donde la inseguridad ciudadana y el desencanto con partidos tradicionales han influido en el voto popular. Sin embargo, analistas advierten que su gobierno enfrentará desafíos significativos para equilibrar las demandas de seguridad con la preservación de las instituciones democráticas, en un país con una larga tradición democrática y un sólido sistema de contrapesos. Cómo Fernández y su equipo manejarán esas tensiones será determinante para el rumbo político y social de Costa Rica en los próximos años.


