La continuación de la guerra entre Rusia y Ucrania se vio marcada por una nueva escalada de violencia en el terreno militar justo antes y durante una ronda de negociaciones de paz en la ciudad de Ginebra, Suiza, donde delegaciones de ambos países se reunieron con mediación de Estados Unidos con el objetivo de avanzar hacia una solución al conflicto que ya se prolonga por cerca de cuatro años. Según reportes citados en medios internacionales, antes de que las conversaciones comenzaran el 17 de febrero de 2026, fuerzas rusas lanzaron una ofensiva coordinada que incluyó decenas de misiles y cientos de drones dirigidos contra la infraestructura crítica de Ucrania, en particular su red energética, dejando a vastas zonas sin suministro de electricidad y calefacción en pleno invierno, además de víctimas civiles y daños materiales significativos. Estas acciones fueron denunciadas por las autoridades ucranianas como un intento deliberado de socavar la posición de Kiev en las negociaciones y aumentar la presión antes del diálogo trilateral en suelo suizo.
El ataque implicó el uso de alrededor de 29 misiles y casi 400 drones, según cifras de fuentes ucranianas, muchos de los cuales fueron interceptados por las defensas antiaéreas, pero que aun así lograron impactar diversos objetivos, incluyendo instalaciones que abastecían servicios básicos y energía eléctrica a ciudades clave como Odesa y Sumy. El presidente ucraniano Volodímir Zelenskiy condenó estos bombardeos calificándolos de agresión continuada y responsabilizando a Moscú de poner en riesgo la vida de civiles y el funcionamiento de sectores sensibles de la economía y la sociedad ucraniana. Las autoridades también reportaron muertos y heridos entre trabajadores de servicios esenciales y residentes en zonas afectadas por la ofensiva, lo que intensificó la tensión en vísperas del diálogo internacional.
En este contexto, las negociaciones celebradas en Ginebra entre representantes de Rusia, Ucrania y Estados Unidos se llevaron a cabo en medio de un clima de “tensión” y con resultados limitados, de acuerdo con informes de agencias de noticias. La tercera ronda de conversaciones, que incluyó aspectos tanto militares como humanitarios, se prolongó por varias horas sin que se alcanzaran acuerdos sustanciales sobre los temas políticos más espinosos, como el estatus de territorios en disputa y garantías de seguridad para evitar la reanudación de las hostilidades. Las partes reconocieron que si bien hubo avance en aspectos técnicos, como los mecanismos para un eventual alto el fuego, las diferencias profundas sobre cuestiones territoriales y la soberanía de Ucrania continuaron impidiendo un consenso mayor.
Zelenskiy y otros responsables ucranianos señalaron que Rusia parecía intentar prolongar deliberadamente las negociaciones sin mostrar una voluntad clara de aceptar compromisos que puedan llevar a un cese definitivo de las hostilidades, y subrayaron que cualquier solución debe respetar la integridad territorial de Ucrania y sus garantías de seguridad. Las demandas rusas incluyeron la cesión de partes del Este ucraniano como condición para avanzar en la paz, posición que Kiev rechazó de plano, calificándola de inaceptable para la población ucraniana y contraria a sus principios constitucionales. Además, se informó de la presión diplomática estadounidense para que Ucrania aceptara ciertas propuestas que buscaban agilizar un acuerdo, aun cuando estas generaban controversias tanto internas como externas.
Al concluir las sesiones en Ginebra, las partes admitieron que los resultados no cumplieron con las expectativas más amplias en cuanto a lograr un alto el fuego inmediato o un plan detallado para poner fin a la guerra. El ambiente de las conversaciones fue descrito por algunos participantes como profesional pero difícil, reflejando la complejidad de encontrar puntos de convergencia en un conflicto donde las posiciones de las partes han permanecido profundamente polarizadas desde la invasión inicial de 2022. La ausencia de un avance claro en Ginebra y la persistencia de los ataques en el frente de batalla han llevado a analistas y gobiernos internacionales a advertir que la guerra podría prolongarse aún más si no se alcanzan compromisos significativos en futuras rondas de diálogo.
En síntesis, la combinación de ofensivas militares rusas dirigidas contra objetivos ucranianos justo antes y durante las conversaciones de paz en Ginebra, junto con la falta de progreso tangible en aspectos clave de las negociaciones, ha puesto de relieve los enormes desafíos que enfrenta la comunidad internacional para facilitar una solución diplomática a uno de los conflictos más prolongados y sangrientos de la Europa contemporánea.


