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La pareja V: Cuando el amor es egoísta

Santiago Heyser
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De Ser a Ser, por: Santiago Heyser.

Si somos honestos, probablemente nos daremos cuenta
que existe una cuota de egoísmo en el amor, y es que, la mayoría de las veces
el egoísmo es el eje del amor… pero no lo vemos o no lo queremos ver.

Comencemos por hacer un ejercicio de verdadera honestidad e
introspección: En el fondo, la mayoría de nosotros solo busca sentirse bien y
alcanzar lo que desea. La dicotomía apego-rechazo marca la agenda de nuestras
vidas. Si nos sentimos bien, queremos más de eso y generamos un apego, si nos
hace sentir mal, hay un rechazo natural y queremos alejarnos de la fuente que
genera esa sensación. Somos seres egoístas por naturaleza, aceptémoslo,
queremos sentirnos bien y esperamos que las cosas suceden como lo esperamos, o
que las personas hagan lo que queremos porque nos hace sentir bien, y así
seguirá siendo mientras no nos volvamos conscientes y evolucionemos a un nivel
superior en donde consideremos a los demás seres por encima de nuestras
necesidades, apegos, gustos y antojos, y entendamos que en el servir y ser
solidarios, alcanzamos un mejor estado de existencia, una mejor calidad de vida,
de ahí la conveniencia de que desarrollemos más compasión, y nos convirtamos en
seres que amen con autenticidad, de forma desinteresada y no sólo personas con
un apego a la sensación del ‘amor’ que muchas veces, nada tiene que ver con
otra persona. Y no es que seamos malas personas o mal intencionadas, lo que
sucede es que no somos conscientes de que la mayoría del tiempo funcionamos en
modo automático con el objetivo instintivo de satisfacer lo que consideramos
nuestras necesidades, ya sean emocionales, físicas, psicológicas y/o
culturales.

Hablamos constantemente de amor como si nos refiriéramos al verbo amar,
a la acción, cuando en realidad a lo que nos referimos es a la sensación
agradable de sentirnos enamorados, confundimos el sentimiento con la acción.
La distinción entre ‘siento amor’ o ‘amo’, es el punto de nuestra conversación.
Cuando le decimos (o sentimos) ‘te amo’ a nuestra pareja, ¿de qué estamos
hablando?, ¿estamos comunicando que sentimos amor o queremos decir que mi vida
y mis acciones están ligadas a la pareja?, ¿amamos a nuestra pareja por quien
es, o amamos a nuestra pareja por lo que nos hace sentir?, ¿nuestro amor tiene
una agenda oculta de expectativas que esperamos sean satisfechas o amamos con
ánimo de compartir la vida y de procurar a la pareja para que crezca y
desarrolle su potencial como el ser individual que es?, ¿‘ámame’ significa
atiéndeme y haz lo que quiero y espero, o significa comparte tu vida conmigo y
hagamos equipo para procurar mutuamente crecer dentro de la singularidad de
nuestras vidas?

La invitación es a reflexionar sobre la honestidad del amor que
profesamos hacia nuestra pareja y acerca de nuestra propia concepción del amor.
Cada uno de nosotros vivimos nuestra vida de forma individual, nacemos solos y
morimos solos, por más personas que tengamos a nuestro alrededor, por más
compenetrados que estemos con nuestra pareja y por más amor que sintamos.
Tenemos una sola vida. ¿Queremos continuar viviendo con este amor egoísta en
donde la alegría y la armonía son el resultado de que ‘porque me aman’ hicieron
lo que yo quería y sucedió lo que esperaba, o nos damos la oportunidad de
evolucionar y comenzamos a amar con la intención de, en el tiempo que tenemos
de vida: crecer y desarrollar nuestro potencial individual tomados de la mano
de nuestra pareja al tiempo que la procuramos para que crezca y desarrolle su
potencial, independientemente de nuestras expectativas personales y culturales?

Mientras tomamos una decisión y nuestro amor siga siendo egoísta, lo
mínimo que debiéramos hacer por nuestra pareja, a la que se supone que amamos,
es ser totalmente abiertos y honestos acerca de nuestras intenciones y
expectativas en el amor y en la pareja, ya que callar no es amor, es
manipulación, o cuando menos, es un error de origen en perjuicio de todos ya
que si nuestra pareja no conoce de forma profunda cómo vemos las cosas, nuestra
intención en la relación y nuestras expectativas, está condenada a ser juzgada
por nosotros cuando sintamos que ‘no hizo lo que esperábamos o queríamos’ y la
otra persona, es probable que ni siquiera estuviera enterada… ¡Así de sencillo!

Un saludo, una reflexión.

Twitter: @SantiagoHeyser
Correo: heyser@deseraser.mx

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