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Lic. Renán Solís Avilés, UN YUCATECO EJEMPLAR

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Fue gobernador del Estado en su función de encargado del Despacho del Ejecutivo en varias ocasiones de 1970 a 1973, fue presidente del Congreso local durante su diputación, y presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado en 1984. Don Renán Solís Aviles ha sido el único yucateco en presidir los tres Poderes en Yucatán.
Connotado jurisconsulto, destacado político y funcionario público, académico, asesor de empresas y sindicatos, recipendario de varias medallas, testimonios de su vida generosa y productiva, don Renán adornaba su palmarés con su bohonomía y su generosidad.
Recuerdo con cariño y agradecimiento varias mañanas que me dispensó en la terraza de mi casa, café de por medio. Su plática con voz mesurada, siempre sonriente, reflejaban su inclinación y su amor hacia la mediación y la conciliación. No recuerdo ocasión alguna que don Renán se hubiera alterado: los pleitos no eran lo suyo bajo ningún esquema y sólo tenía un límite: el límite de la ley.
Caballeroso y recto. Podría yo decir, sin temor a equivocarme, que en las casi seis décadas que mi profesión me ha permitido ser testigo en primera fila del acontecer político en Yucatán, se pueden contar con los dedos de una mano a los servidores públicos que han cruzado el pantano sin mancharse. Las pruebas están ahí y permanecerán por siempre, quien quiera acceder a ellas lo invito a consultar los medios tradicionales a lo largo de su vida: no hallarán denuncias o quejas en su contra, no encontrarán publicación alguna que lo incolucrara siquiera en alguno de los delitos tan comunes en los políticos y de los servidores públicos.
Había una expresión con la que se etiquetaba prácticamente a todos los funcionarios públicos, con o sin razón, era un señalamiento común: Enriquecimiento inaxplicable. Ese no fue el caso de quien hoy nos reúne y baste el siguiente ejemplo: como abogado de la Unión de Camioneros hizo un trueque con su contratante, don Fernando Vargas: sus servicios profesionales a cambio de una sociedad; medio camión con el que inició como permisionario del transporte público, y al pasar de los años fue propietario de varios autobuses, capital que se fue comiendo cuando su dedicación de tiempo completo al servicio público, hasta que se despojó de aquella concesión.
Considero que don Renán fue una persona con una inteligencia emocional superior y que gracias a esa autoridad intelectual jamás necesitó imponerse para ser reconocido. Era un conocedor de la vida, un maestro “sabio y sereno”.
Basta conocer su trayectoria en los distintos espacios en que se derralló para determinar que era el maestro ideal. Como abogado defendió a empresas y sindicatos y nunca buscó ser el centro de atención, pero su presencia era sensible, transmiría seguridad sin arrogancia, con un leguaje corporal siempre relajado, no se alteraba ante las crisis ni reaccionaba nunca en forma impulsiva: nomás cuídate mucho, me solía decir cuando yo le planteaba algún problema o se enteraba de las peripecias de mi profesión.
Una de sus grandes virtudes en que te escuchaba con toda su atención y así te lo dejaba sentir, yo creo que no pensaba en qué responder sino en entenderte de verdad. Alguna vez, enterado por mí de cómo me dejé llevar por la ira en un problema laboral me respondió: no dejes que nadie te maneje, la ira te ciega emocinalmente, te nubla el juicio y te lleva a conclusiones las más de las veces que tu mismo no deseas.
Entre sus enseñanzas recuerdo su habilidad de ver los puntos en común entre dos partes encontradas y su recomendación: No tomes bando por ego, busca siempre la solución que genere menos fricción. Así lo recuerdo, ecuánime, siempre el mismo, derecho como pocos, vertical.
Como funcionario de gobierno él, y yo como reportero de oposición, nunca tuvimos diferencias. Su amabilidad desarmaba nuestra hostilidad, los temas complejos los trató siempre en forma sencilla, sin tecnicismos inmesarios para demostrarnos su conocimiento,, sin palabrería, siempre directo. Fue un funcionario de lenguaje directo, nunca cedió al dictamen de sus principios.
Como señala el libro que hoy nos honra presentar, don Renán Solís Avilés todo lo hizo en grande y su andar nunca pasó inadvertido en ninguno de los círculos en que se movió en su larga y productiva vida, y así lo reconocieron propios y extraños, desde su Motul natal hasta Alemania, país al que viajó ivitado por la Universidad de Heudelberg donde impartió una conferencia sobre el derecho agrario en la Revolución Mexicana.
Mucho tenemos todos que agradecerle a don Renán, quien fue un hombre adelantado a su tiempo, como es el caso de su lucha por una ley de protección integral a las personas con requerimientos especiales, que hoy está en vigor pero no existía en 1985 cuando, como diputado federal, la planteó en tribuna y no fue bien acogida.
El diputado Solís Avilés tenía muy clara la necesidad de procurar una ley de carácter integral para los mexicanos con requerimientos especiales, que los protegiera ampliamente en lo físico y lo mental, en lo laboral, lo económico, etcétera, pero entonces no fue escuchado y hoy, esa premisa universal, no ´puede faltar en la narrativa de cualquier autoridad, en cualquiera de los niveles. Ya sabemos quien dio el primer paso al respecto, paso que dejó hueya y fue atendidas muchos años después.
Tiempo nos hace falta para señalar las virtudes del Lic. Solís Avilés desde el ángulo que cada quien quiera verlo. Yo podría decir que él fue una persona a la que todos acudían cuando necesitaban un consejo honesto, una explicación clara o un mediador en un momento de caos. Su autoridad no nació del miedo ni del poder, sino del respeto que siempre inspiró su coherencia.
El sabía distinguir entre ocupar el tiempo y el hacerlo productivo, su vida profesional y política lo confirman, siempre pensó en el mañana y dejó huella en los diversos cargos públicos que ocupó. Su misión era muy clara: apoyar a los marginados, a los más devalidos, a los olvidados de nuestro sistema jurídico. Lo hizo primero por las personas especiales con algua discapacidad, y lo hizo también ´por los infractores que debían pagar por algún delito, a efecto de rehabilitarlos.
Desde su formación académica don Renán comenzó a dar muestras del socialismo en el que había nacido, dadas su cercanía con las familias Avilés Gómez y Carrillo Puerto y desde muy joven inició su lucha por una distribución equitativa de la riqueza y la reducción de la desigualdad, ideología que lo llevó a presidir el Partido Socialista del Sureste.
Así, en 1971, como difector general de Gobernación, encargado del Despacho del Poder Ejecutivo, envió al Congreso una iniciativa de Ley para establecer el Patronato de Rehabilitación a infractores del Código de Defensa Social, cuya función seria proporcionar asesoría técnica y asistencia económica en las áreas laboral, educativa, social, recreativa y deportiva a los internos de los Centros de Rehabilifación del Estado.
Don Renán, el de la sonrisa y el hablar quedito, el conciliador por excelencia, hizo del trabajo una misión, de la responsabilidad una norma, y de su familia un baluarte. La amistad y la convicencia sana fueron su divisa. Recuerdo que en su domicilio de la colonia Miguel Alemán construyó una cancha de fútbol abierta a todo público con la que, además de promover el deporte, promovía la conviviencia, base de una sociedad sana.
Sobre tu tumba debería existir en epitafio que lo dibuajara al cien: Yucateco ejemplar. Muchas gracias.

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