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El agua y su deuda con mujeres y niñas.

Raul Monforte González
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Columna: “Construyendo”, por: Raúl Asís Monforte González. 21de marzo de 2026.

A la par con el inicio de la primavera y a propuesta de la Organización de las Naciones Unidas, cada 22 de marzo, el mundo entero conmemora el Día Mundial del Agua, una fecha que suele llenarse de buenos deseos, diagnósticos que se repiten como si fueran una buena estrategia de economía circular, y compromisos que rara vez alcanzan a cumplirse. Sin embargo, este 2026 introduce un enfoque que no podemos ni debemos ignorar más, que es la estrecha relación entre el agua y la equidad de género.

Siempre que en algún foro se demanda hablar de agua, es preciso tambiénhablar de infraestructura, de gestión, de inversión. Pero también, y cada vez con mayor razón, hablar de agua es hablar de poder.

En muchos rincones del mundo, son las mujeres y las niñas quienes cargan literalmente con el peso del agua. Caminan kilómetros para conseguirla, sacrifican educación, tiempo productivo y, en no pocos casos, hasta su seguridad personal. Así que el acceso al agua no es solo un tema de disponibilidad, sino que se ha vuelto también un tema de justicia.

Y es precísamente ahí hacia donde necesitamos dirigir la conversación, y lograr que alcance su mayor influencia. Porque mientras los grandes proyectos hidráulicos se diseñan desde mesas en las que se incorporan suficientes opiniones técnicas, lo cual está bien, pero nos siguen haciendo falta las voces de quienes viven la escasez cotidiana. Las más relevantes decisiones sobre el agua continúan siendo, en su mayoría, tomadas sin mujeres en la mesa. Y deberían estar ahí ya no solamente como beneficiarias, sino como protagonistas.

Incorporar una perspectiva de género no es un gesto simbólico ni una generosa concesión política. Es una condición necesaria para que las soluciones funcionen.

Ha quedado suficientemente demostrado que cuando las mujeres participan en la gestión comunitaria del agua, los sistemas son más sostenibles, más eficientes y más resilientes. Y no es casualidad, ya que ellas conocen mejor que nadie los patrones de uso, las necesidades reales y los riesgos que usualmente pasan desapercibidos en los modelos técnicos y en los proyectos ejecutivos.

Adicionalmente, el acceso al agua limpia y a los sistemas de saneamiento, tiene un impacto directo en la salud, la educación y la seguridad. Reduce enfermedades, disminuye la deserción escolar y mitiga riesgos de violencia. Es, en esencia, una palanca de desarrollo integral y sostenible.

Desde el sector de la construcción y la ingeniería, esto nos obliga a replantear la manera en que concebimos los proyectos. No basta con llevar agua; hay que entender a quién le cambia la vida, cómo y en qué condiciones.

En México y América Latina, donde la disponibilidad del recurso contrasta con retos crecientes de calidad, contaminación y gestión, esta reflexión cobra especial relevancia. La infraestructura hídrica del futuro no puede diseñarse de espaldas a la realidad social.

El agua no es neutral. Su acceso, su control y su gestión reflejan, y muchas veces también amplifican, las desigualdades existentes.

Este Día Mundial del Agua debería servirnos para algo más que repetir cifras alarmantes, y para que alguno que otro político se tome un par de fotografías. Debería obligarnos responder una cuestión más profunda,¿quién decide hoy sobre el agua y quién sigue esperando una limosna de inclusión?

Porque cerrar la brecha hídrica también implica cerrar la brecha de poder.

© Copyright 2026. Raúl Asís Monforte González. Todos los derechos reservados.

Mérida, Yucatán a 21 de marzo de 2026

E-mail: raul@mienergiamx.com

Facebook y LinkedIn: Raúl Asís Monforte González. X e IG: @raulmonforteg

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