De Ser a Ser, por: Santiago Heyser.
Cuando hay alguna diferencia en la pareja, tener una
plática con el fin de expresar puntos de vista, aclarar las cosas y conciliar,
debería ser el camino para resolver situaciones, pero… muchas veces no funciona.
Ante este escenario, generalmente llegamos a conclusión de que no
funciona por “culpa de la otra persona” y probablemente estemos equivocados.
Mientras no usemos nuestra inteligencia y elevemos nuestro nivel de
consciencia, los seres humanos tendemos a “reaccionar” con base en nuestras
emociones y condicionamientos intelectuales, justificando lo que decimos y
nuestras acciones, con argumentos poco objetivos; en pocas palabras,
reaccionamos sin pensar mientras nuestra mente elabora los argumentos
necesarios para justificar nuestras acciones y decisiones de forma tal, que
siempre nos damos la razón. Estamos tan identificados con nuestro ego, que
cometemos el error de creer que si nos equivocamos o no tenemos la razón,
“perdemos”; perdemos valor ante la pareja y nuestro ego se siente superado, por
lo que se resiste; esto sucede y seguirá sucediendo mientras no seamos
conscientes de este proceso y pongamos un alto a las respuestas automáticas que
tenemos.
Nos equivocamos cuando no razonamos, ya que partimos de la premisa
equivocada: “tener la razón”, cuando el objetivo debiera ser: “comunicarnos,
comprendernos, aclarar y resolver la situación”. De manera frecuente, en las
discusiones se pierde de vista el asunto a tratar y se busca tener la razón,
cuando lo que nos debe interesar es comprender las razones y motivadores del
actuar nuestro y de nuestra pareja, o tratar de comprender las diferencias y
partiendo del respeto a la individualidad y a que cada quien es como es y
decide en libertad de acuerdo a su forma de pensar o de cómo quiere vivir.
En muchas ocasiones buscamos justificar la forma en la que actuamos
racionalizando fallas y/o deseos, sin asumir ninguna responsabilidad,
justificándonos con el actuar de otras personas o con factores externos,
incluso, eventualmente llegamos a clamar inocencia victimizándonos para evitar
asumir las consecuencias de nuestras acciones y de nuestros errores, actuando
de manera cínica, aun sabiendo perfectamente lo que hicimos y por qué lo
hicimos; lo que nos obliga a mentir, y no es lo peor: lo peor es que cuando no
nos creen la mentira nos sentimos ofendidos, como si fuéramos impolutos y
veraces, cuando somos justo lo contrario,… a esas alturas, la discusión ya ni
siquiera tiene que ver con resolver o aclarar la situación inicial, pues ya se
perdió la comunicación y la intención de resolver la diferencia.
Cuando actuamos sin reflexionar, tendemos a cometer los siguientes
errores: 1. Ver las cosas polarizadas, en blanco y negro, “estás de mi lado o
en contra mía”, al hacer esto perdemos la oportunidad de encontrar el valor en
los puntos medios, en los matices; en una discusión de pareja no se trata de tener
la razón o de ganar, se trata de comprendernos para que nuestra relación nos
aporte calidad de vida; 2. Descalificar de forma automática los argumentos y el
punto de vista de nuestra pareja sólo porque no coincide con el nuestro, como
si fuera un adversario. En este contexto, nos dominan las emociones y sin
pensar negamos todo lo que no concuerda con nuestro punto de vista o posición;
3. En lugar de escuchar para entender, escuchamos para contestar, hablamos,
pero no nos comunicamos; la falta de atención o la incapacidad para escucharnos
no permite que tengamos un diálogo constructivo. 4. Confiamos demasiado en
nuestra memoria, cuando la ciencia ha demostrado infinidad de veces que el
sistema de la memoria es uno de los más ineficientes de nuestro cerebro, la
memoria no solo falla, sino que además es creativa, terminamos adecuando
nuestros recuerdos a la conveniencia de nuestro interés sin que representen lo
que en realidad sucedió y construyendo así “nuestras verdades”. 5. No siempre
queremos “la” solución sino que queremos “mi” solución, llegados a este punto,
todo es necedad, los argumentos no cuentan y dejamos de comunicarnos.
Finalmente, si con argucias ganas una discusión, ¿de verdad prefieres
quedarte con esa “victoria” sobre tu pareja, en lugar de haber dialogado,
haberse conocido más, haber comprendido el porqué de sus acciones o el fondo de
sus sentimientos y haber resuelto y conciliado juntos una situación como
equipo, en donde en lo individual crecemos y como pareja nos fortalecemos?, ¿de
verdad eso quieres?, piénsalo… ¡Así de sencillo!
Un saludo, una reflexión.
Twitter: @SantiagoHeyser
Correo: heyser@deseraser.mx


