Por: Eduardo Ruiz-Healy.
Twitter: @ruizhealy
Facebook: Eduardo J Ruiz-Healy
Instagram: ruizhealy
Sitio: ruizhealytimes.com
Vaya que enfrentamos problemas: Pandemia de COVID-19
que aún no termina y que ha matado a aproximadamente 744 000 mexicanos, altas
tasas de criminalidad, feminicidios al alza, asesinato de periodistas y
defensores de derechos humanos, impunidad criminal superior al 90%, inflación
elevada, carestía de muchos productos, empobrecimiento de la mayoría de las
personas, crecimiento del sector informal, probable estanflación, polarización
de la sociedad, confrontación y cerrazón de los actores políticos incluido el
presidente Andrés Manuel López Obrador, sistemas fallidos de salud, educación,
seguridad y procuración de justicia, entre otros.
Algunos de estos problemas son derivados de la
pandemia, otros los heredó el actual gobierno de sus antecesores y varios son
resultado de las actitudes y decisiones de los morenistas en el poder
encabezados por Andrés Manuel.
Lo peor del caso es que, excepto la pandemia, es
probable que estos problemas no se solucionarán en el corto plazo.
En lo que al COVID-19 se refiere, el director del
Instituto de Métricas y Evaluación Sanitaria (Institute for Health Metrics and
Evaluation -IHME) de la Universidad de Washington en Seattle, Christopher J. L.
Murray, escribió el 19 de enero pasado en la revista médica británica The
Lancet que “El COVID-19 se convertirá en otra enfermedad recurrente que deberán
gestionar los sistemas de salud y las sociedades (…) en la mayoría de los
países el número de muertes por ómicron parece ser similar al nivel de una mala
temporada de influenza en los países del hemisferio norte (…) Después de la ola
de omicrones, volverá el COVID-19 pero no la pandemia”.
Esperemos que Murray tenga razón.
En lo que a las tasas de criminalidad se refiere,
éstas siguen siendo sumamente altas a pesar de los logros y avances que indican
los datos oficiales. La tasa de homicidios dolosos (homicidios por cada 100 000
habitantes) llegó a 25.8 en 2021, poco más de 2.5 veces lo que para la
Organización Mundial de la Salud es una epidemia de asesinatos. Es probable que
este año descienda, tal vez a 25.0, que es una cifra aún muy alta.
La tasa de feminicidios fue de 1.54 en 2021, una de
las más altas del mundo, y es probable que este año también baje ligeramente
pero aún se mantenga en un nivel inaceptable.
Y por si todo lo anterior no fuera suficiente, la
Organización Meteorológica Mundial (WMO) de las Naciones Unidas emitió esta
semana su reporte Estado del Clima Global que no contiene buenas noticias.
De acuerdo con la WMO, cuatro indicadores clave del
cambio climático establecieron nuevos máximos históricos en 2021: las
concentraciones de gases de efecto invernadero, el aumento del nivel del mar,
el calor y la acidificación del océano establecieron nuevos récords el año
pasado y “Los efectos combinados de los conflictos, los fenómenos
meteorológicos extremos y las crisis económicas, exacerbados aún más por la
pandemia de COVID-19, socavaron décadas de progreso hacia la mejora de la
seguridad alimentaria a nivel mundial. Los peligros hidrometeorológicos
continuaron contribuyendo al desplazamiento de millones de personas”.
Aceptémoslo: los problemas no van a solucionarse
pronto sino en años y hasta décadas. No les creamos a quienes nos digan lo
contrario.


