Por: Eduardo Ruíz-Healy.
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El dicho inglés ignorance is bliss (la ignorancia es
felicidad) se origina en un poema del inglés Thomas Gray (1716-1771), que en
uno de sus versos dice: “Donde la ignorancia es felicidad, es una locura ser
sabio”. Se usa para describir a alguien que por no saber que existen cosas
mejores acepta como normales y hasta buenas las que conoce.
Hace unos años una persona que colaboraba conmigo y
que nunca había salido de México me dijo que no entendía por qué me quejaba
tanto de que hubiera tantos baches en las calles y que las banquetas estuvieran
deterioradas. “Ni que las cosas fueran diferentes en otros países”, aseguró.
Le contesté que en muchos países los baches y las
banquetas derruidas no eran usuales. Me respondió que no lo creía y así
concluyó nuestra plática.
Meses después, se le presentó la oportunidad de ir a
visitar a unos familiares radicados en California. Lo animé a que fuera a
verlos y así decidió viajar al extranjero por primera vez en su vida.
Días después de que regresara a México le pregunté qué
le habían parecido los sitios que visitó. “Muy bonitos y… tenía usted razón, no
todo es como aquí. Allá las calles no estaban llenas de hoyos y sobre las
banquetas mi prima podía empujar sin problemas la carriola de su bebé”, me
contestó, a lo que yo solo le dije que los viajes ilustran.
Y así como este ex colaborador pensaba hace algunos
años, piensan hoy millones de mexicanos que nunca han tenido la oportunidad de
experimentar en carne propia los servicios públicos de países en donde hay más
desarrollo, más equidad y mucho menos corrupción y que, tal vez por ello,
consideran que son buenos los servicios públicos que les proporcionan las
autoridades federales, estatales y municipales.
Lo anterior queda en evidencia de acuerdo con algunos
datos que arroja la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental
(ENCIG) 2021 elaborada en noviembre y diciembre del año pasado por el INEGI y
difundida el martes pasado.
Por ejemplo, 71.3% de la población está satisfecha con
el servicio de educación pública primaria, secundaria y preparatoria y lo está
porque desconocen la alta calidad de los sistemas educativos de otros países e
ignoran la baja calidad del sistema mexicano.
Por ejemplo, seguramente muchos ignoran que en la más
reciente evaluación PISA realizada en 2018 por la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) entre estudiantes de 15 años de
78 países, los estudiantes de México ocuparon el lugar 53 en habilidad lectora,
el 61 en matemáticas y el 57 en ciencias, lo que indica que no estarán lo
suficientemente bien preparados para poder competir y prosperar en una economía
cada vez más compleja y competitiva en la cual los conocimientos de una persona
serán su principal activo. El destino tampoco favorecerá mucho a aquellos que
ingresen a alguna de las entre 5017 y 5343 instituciones de educación superior,
la mayoría de ellas de baja calidad académica.
A los gobernantes mexicanos de ayer y hoy les ha sido
muy conveniente aprovecharse de la inocente ignorancia de la mayoría de los
mexicanos para proporcionarles servicios públicos malos. Han entendido muy bien
que la ignorancia es felicidad y que la mejor manera de perpetuar la primera es
manteniendo un sistema educativo mediocre.


