Por: Eduardo Ruíz-Healy.
Twitter: @ruizhealy / Facebook: Eduardo J Ruiz Healy
Los discursos que los presidentes de México y Estados
Unidos pronunciaron ante las cámaras
desde la Oficina Oval de la Casa Blanca fueron protocolarios y cada uno
manifestó su respeto y admiración hacia el otro, como suele suceder cada vez
que se reúnen los jefes de Estado de dos países. También los escuchamos asegurar
que ambos países son muy buenos amigos y que la relación entre ambos es
estupenda, fuerte y productiva, a pesar de “los titulares exagerados que a
veces vemos”, como dijo Joe Biden.
Antes de que se reunieran, me llamó la atención que a
Andrés Manuel López Obrador no se le recibiera con los honores propios de
“visita oficial” de un jefe de Estado, que es la segunda categoría más alta
después de una “visita de Estado”.
De acuerdo con el protocolo, se le debería haber
ofrecido alojamiento en Blair House, la residencia para los invitados del
presidente de EEUU, una ceremonia de llegada y salida con todos los honores en
los terrenos del sur de la Casa Blanca, una salva de 19 a 21 cañonazos y una
cena oficial en la Casa Blanca.
No fue Biden el que recibió a AMLO en la puerta de la
Casa Blanca, no hubo ceremonia de llegada y tampoco cañonazos. La manera en que
fue recibido fue muy diferente a cuando en la puerta de la mansión presidencial
lo recibió Donald Trump el 8 de julio de 2020, en un evento en donde hubo
guardias de honor, pero no cañonazos.
También me llamaron la atención las dos veces en que
Biden contradijo lo que antes había dicho Andrés Manuel en su discurso.
La primera fue cuando el estadounidense dijo: “China
no solo no va a ser la fábrica del mundo. Está usted en la fábrica del mundo:
Estados Unidos. Producimos más productos agrícolas que cualquier cosa cercana a
lo que hacen”.
Así le respondió al mexicano que minutos antes había
afirmado que “En las últimas tres décadas se aceptó de manera cómoda que China
sería la fábrica del mundo…”.
La segunda fue cuando Biden dijo que en EEUU “Tenemos
liberales, moderados, conservadores y conservadores extremos. Estoy esperando
que el Partido Republicano vuelva a las posiciones conservadoras tradicionales.
Tenemos que empezar a hablar con ellos, entre nosotros, en este país, con
respeto”.
Así le respondió a AMLO quien antes, creyendo que
estaba hablando en una de sus conferencias matutinas y olvidando su compromiso
de no interferir en los asuntos internos de otros países, dijo: “Sé que sus
adversarios, los conservadores, van a pegar el grito en el cielo, pero sin un
programa atrevido de desarrollo y bienestar no será posible resolver los
problemas ni conseguir el apoyo del pueblo. Frente a la crisis la salida no
está en el conservadurismo sino en la transformación”.
Biden está muy bien informado de cómo insulta el
presidente mexicano a sus adversarios y tal vez por eso subrayó que en su país
deben “empezar a hablar con respeto” los diferentes actores políticos, incluidos
los conservadores. AMLO menospreció en la Oficina Oval a los adversarios de su
anfitrión, algo imperdonable y de mal gusto.
Fue una reunión sin mucha sustancia en donde lo que
buscaron ambos presidentes fue lucirse ante sus respectivos seguidores. En eso
probablemente tuvieron algún éxito y el tiempo se encargará de demostrárnoslo.


