Por: Cristina Padín.
No se quejaba nunca, veía en la paciencia la mayor de las virtudes, pero se hartaba de tanta tontería. Evidentemente. Aquella tarde de su santo la disfrutó en la playa. Con los sobrinos: era una gran tía, y una gran maestra. Qué noble es el maestro.
Y a la menor de las sobrinas le explicó que los papeles de los helados se recogen en el arenal. Ya lo sabía, se lo decían en casa y en la escuela. Y a las mujeres de la sombrilla verde que enterraban los restos en la arena les dijo: donde fueres haz lo que vieres..
Y al mayor de los sobrinos le elogiaba mucho por su amor por la lectura. El saber no ocupa lugar le decía. Y el chiquillo se deleitaba con literatura actual y divertida. Y era muy respetuoso, en las novelas y en las aulas trataban muchos temas de interés..
Le molestaba al adolescente la actitud poco serena y muy combativa de un compañero. Lo criticaba todo y no era tolerante a opiniones diversas. Y Natalia le dijo: el mayor desprecio es no hacer aprecio. Y subieron todos a tomar tarta de fresa.
Dedicado a cada Natalia
A la playa
Y a la gente con buenos modales en la playa
A los maestros: héroes
A mi amiga Rosario
A Luis
A tíos y sobrinos


