Por: Cristina Padín.
El niño que iba a la aldea en verano ya había vuelto a Madrid y preparaba en la tarde de viernes un regalo especial para su abuelo, que cumpliría años allá, en el lugar de postal en el que vivía y contaba historias…
Contaba ese abuelo que ya su padre desde la aldea había ido a un colegio a estudiar y que siempre había encontrado respeto y afecto. Aquel niño había sido estudioso y ávido lector, gran amigo del dibujo…
El abuelo, que en las noches calurosísimas de agosto hablaba a su nieto de las uvas y de sus aventuras en los bailes, era taurino y añoraba a Ordóñez y a Manzanares. El toreo y su valor y sus valores…
Bien sabía el abuelo que al niño le gustaría ser torero. Iba a pedirle a sus padres que lo apuntaran a una escuela taurina. Lo haría esa tarde, esa tarde cálida de viernes de septiembre. Ya había empezado el colegio..
Antes de merendar y de bañarse en la piscina quería acabar el cuento para el abuelo. Donar dinero para la corrida benéfica. Y escribir la redacción de Lengua. Qué bueno el profesor!!!!
Los profesores siempre al corriente de las situaciones. Había mandado escribir del acoso. El niño que veraneaba en la aldea lo aborrecía. Ser acosador era ser vulgar, burdo, sin educación, sin empatía..
Sin alma. Ser nada!
A los abuelos
A la mía
A las corridas benéficas y a la bondad
A los libros
Iniciales: a JM, A, JC, H, P, B, M, A
A las aldeas
A la bondad
A los MZ: nosotros
Cumpleañeros de septiembre
A la gente que respeta, comprende y piensa por sí misma
NO al acoso
A las uvas y al vino


