Por: Cristina Padín.
Iba a una playa nudista. Lo hacía desde que era adolescente.. también sus padres lo hacían. Sentir el calor del sol y la caricia del agua en la piel era tan placentero como sano. También fue aquel 19 de octubre.. con Pablo, el que había sido su novio y era ahora su marido. El que era moreno y guapo y de cabellos ensortijados. El que aplaudía cuando toreaba El Juli y el que se emocionaba cuando veía Lo Imposible.. el hombre real al que ella tanto amaba..
El que leía. El andaluz perfecto con familia en la mucho más que bella costa gallega. El hombre de ley. De verdad. El que estuvo a su lado cuando el doctor puso nombre a su mal. Cáncer. Puto cáncer. Un monstruo que aterra, que encoge la respiración, que paraliza los sueños. Ella decidió que no se lo pondría fácil. Y le fue bien: había superado la enfermedad. Donde no había una teta Pablo veía una batalla ganada. Ella sabía que era difícil, ninguna perdía.
Unas tenían más suerte que otras. Pero luchadoras eran todas. Inmensas! Aquel 19 de octubre paseó su cuerpo desigual por una playa nudista. Sin miedo. Con verdad. Pablo la invitaría a cenar, le regalaría un libro de Cela.
A cada mujer en lucha contra el monstruo, a las que han tenido suerte, a las que ya no están aquí. Mi respeto y mi afecto
A las playas
A mi amigo Pablo: feliz cumpleaños
A las personas de ley y de verdad
A mi querido Luis
A cada luchador
A los andaluces perfectos, a los que se emocionan
A El Juli
Al toreo
A las personas valientes


