Por: Eduardo Ruíz-Healy.
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Desde 1989 hasta 2022 la tasa de crecimiento anual del
producto interno bruto (PIB) en China promedió el 9.05%, llegando a un máximo
histórico del 18.30 % en el primer trimestre de 2021 y cayendo a un mínimo
histórico del -6.80 % en el primer trimestre de 2020.
Desde 1978, cuando se aceleraron las reformas
económicas de tipo capitalista propuestas por el entonces Líder Supremo de la
República Popular China, Deng Xioaping, el PIB de ese país creció 10% o más en
1978 (11.33%), 1983 (10.77%), 1984 (15.19%), 1985 (13.43%), 1987 (11.66%), 1988
(11.22%), 1992 (14.22%), 1993 (13.88%), 1994 (13.04%), 1995 (10.95%), 2003
(10.04%), 2004 (10.11%), 2005 (11.39%), 2006 (12.72%), 2007 (14.23%) y 2010
(10.64%). Desde este último año hasta 2021 nunca más registró un crecimiento de
10% o más en un año, pero sí un promedió del 6.95% anual, con todo y que en
2020, el año de la pandemia, apenas creció 2.24%.
Con estas tasas de crecimiento económico no es difícil
entender por qué China se convirtió en un motor de la economía mundial. Motor
que fue acelerado por las importaciones masivas de materias primas y productos
diversos que la economía china requería y sigue necesitando.
En 2021, China importó aproximadamente 2.069 billones
de dólares en bienes ó 1.6 veces el PIB de México para ese año, que fue de
1.293 billones de dólares.
La industria y los consumidores chinos se convirtieron
en los principales compradores de un sinfín de materias primas y productos
terminados que permitieron que muchas empresas públicas y privadas alrededor
del mundo ganar mucho dinero. En 2020 el 11.31% de las exportaciones mundiales
tuvieron a China como su destino.
El gigante asiático no solo es un gran importador de
bienes; también es un gran exportador y el año pasado el valor de sus
exportaciones fue de 3.63 billones de dólares, un récord histórico para el
país.
Durante este largo periodo de crecimiento las empresas
chinas captaron billones de dólares de inversionistas de todo el mundo ávidos
de obtener parte de sus ganancias. En 2021 el total de dólares invertidos en
acciones y bonos de estas empresas llegó a 662 000 millones.
De este dinero, 2500 millones se fueron de China el
lunes pasado cuando se registró la mayor salida de capitales en un solo día,
luego de que los inversionistas internacionales reaccionaron ante la tercera
reelección del presidente Xi Jinping y la muy alta posibilidad de que el ahora
sí dictador indiscutible del país más poblado del planeta intensifique su lucha
con Estados Unidos, Japón, Corea del Sur, Australia y los países de Europa.
Durante los próximos días y semanas de China seguirán
saliendo capitales en grandes cantidades de dinero porque los inversionistas
temen que Xi buscará anexarse Taiwán por cualquier medio, incluido el uso de
armas, sean convencionales o no. Los dueños o administradores de esos capitales
no quieren poner en riesgo ese dinero en caso de que el gobierno Chino se haga
acreedor de sanciones similares a las que el occidente impuso a Rusia tras su
invasión de Ucrania en febrero pasado.
Ante esta nueva realidad, ¿cómo aprovecharán los empresarios y gobernantes de México la cada
día más deteriorada relación de China con Estados Unidos y sus socios?


