Por: Cristina Padín.
El Juli paseaba por la calle. Cientos de miles de triunfos en el alma y en la espalda, ser de nobleza y verdad, alguien que conquistó las cimas desde la niñez, pureza de caballero en rostro juvenil, triunfando en Perú, triunfando en México, triunfando en España.
Triunfando.
Paseaba por la calle feliz y tranquilo. Y se le acercó la Serenidad. Se estaba tomando un helado. De castañas y café. La Serenidad es muy gallega y un poco andaluza. Saludó al torero con cordialidad, y dieron juntos un paseo por los jardines…
Era noviembre.
La Serenidad y El Juli se llevaban bien. Por ser muy similares. Humildes, sin ruidos absurdos,
con propuestas bien trazadas y correctas, con corazón, con generosidad, con cultura.. Demasiada tontería por ahí. El matador y la virtud admiraron los paisajes…
Qué bonito es lo que es natural.
A El Juli: grande!
A la maravillosa familia de Juli, os adoro
Al toreo
A la serenidad y a las personas serenas
A la humildad
A mi amigo JC
Mi amigo Manuel
A mi querido Luis
Y a la verdad


