Por: Cristina Padín.
Colgado del pomo de la puerta, infeliz y tan lindo en su jersey azul y su bufanda blanca, aquel pequeño muñeco que allí pusieron los niños se hallaba helado por el frío y triste. Se había caído desde un balcón.. y se perdió por las calles de la ciudad…
En aquella puerta observó a los que iban con prisa a misa, y en su vida diaria hablaban mal de todos y criticaban a los demás. Escuchó a las defensoras de la familia ideal cuando iban a encontrarse con sus amantes, también muy defensores de valores y honestidad.
Y pensó que su presencia carecía de sentido.
Aquello no era Navidad.
Tampoco las bolsas enormes que pasaban con el único propósito de ser pavoneadas en redes sociales. Tampoco los desprecios a los diferentes, la falta de empatía hacia los que estaban sufriendo, los insultos. El muñeco azul estaba triste…
Entonces apreció al novillero que ayudaba a los pequeños que admiraban el toreo. Supo que a la residencia de ancianos llegaron más de veinte mil postales. Se emocionó con la abuela que llevaba tartas a la parroquia. Rezó con el cura con ilusión…
Sí era Navidad!
Lo que pasaba es que siempre había gente que no comprendía ese espíritu…
Me encantan las felicitaciones.. y mucho las azules..
A la gente de ley
A los muñecos navideños
Al toreo
A los novilleros y a Elías
A mi querido Alex
Al toreo
A los que trabajan por el toreo
A Luis
A los valientes


