Por: Cristina Padín.
Mandaron un ejercicio muy divertido. Eran las clases de Literatura interesantes y amenas, porque la profesora se implicaba mucho y proponía miles de actividades. Para eso la maestra era ella… y por tanto era la que sabía impartir la materia…
“Gente pintando cuadros excelentes y tú en cambio presumiendo de cena en un sitio caro, que no pagas porque aborreces abrir la cartera y en el que no disfrutas lo que comes porque no entiendes la gastronomía; alguien ahora mismo en un laboratorio trabajando para descubrir algo que arremeta contra ese monstruo que es el cáncer y tú, en un alarde de arrogancia infinita, escribiendo un tweet que contiene ciento cuarenta caracteres y más de ciento cuarenta estupideces; un ser con arte y humildad poniendo en pie unidos en ovación y emoción a miles de personas (toreando o cantando, por ejemplo) y tú afirmando hoy lo contrario a lo que opinabas ayer; mi padre madrugando, despertando a las seis de la mañana para ir a trabajar, y tú alardeando de lo que no tienes y mucho menos obtienes con tu inteligencia o esfuerzo…”
Es mi descripción, profe, dijo Pablo. Trata sobre gente absurda. Ególatra. Gente que no aporta. Y a la vez es mi homenaje a todo el que hace las cosas bien, se esfuerza, lucha. Espero que mi redacción haya cumplido el objetivo que se pedía…
Y la profesora sonrió…
A los profesores, sobre todo R, A, B y D
A Pablo
A mi querido Manuel
A los M (una versión de lo que hablábamos ayer)
A valientes como Jm, F, I
A toreros, sobre todo a mi mago
A los artistas
A los pintores
A mi querido Luis y a sus padres
A las palabras… benditas sean (tanto se puede hacer con ellas)


