Por: Cristina Padín.
Unos decían lo mismo mil veces, o setenta mil veces, setenta y siete mil veces.. aguardando la orden (esto sí, aquello no, con estas y no otras palabras).. unos eran ajenos a la vida real de las personas reales (qué caro es todo en el supermercado, ha triunfado Juan Ortega en Valdemorillo, qué rico es este sol a mediodía, cuánto han crecido las tardes, qué frío en las noches y qué terror la calefacción), aludían a cosas que nada más comprendían ellos o ni siquiera ellos, funcionaban en bloque, distintos bloques de seres sin sentido diciendo cosas sin corazón y sin alma, seres sin sentimientos ni poso cultural, máquinas automáticas capaces de creer sin pensar y de actuar sin decidir… Triste!
Otros sentían y soñaban. Vivían. Vivían punto, que es algo enorme y muy digno de mención. No todos viven, aunque estén en la vida. Eran y trataban de saber ser. Lloraban cuando había que llorar… esta mañana helada de febrero que luego regaló un día de mucho sol lloraban por los terremotos… qué tragedia! Al margen de mentiras trabajaban. Unos acusaban siempre a todos de no trabajar, cuando los que no trabajaban eran ellos, vividores expertos en carcajearse de otros.. Otros iban al café (un café normal, no uno que cientos de miles no pueden permitirse), hacían fotocopias, bebían vino, hacían el amor, soñaban tardes de toreo en Sevilla, esperaban un autobús, cenaban salmón.
Unos eran la mentira con más mentiras. Otros eran el esfuerzo con verdad y realidad.
Y así era la vida en la Aldea, concluyó Pablo su cuento…
A los otros… los unos me caen mal
A Pablo, nombre que adoro
Al toreo
A Juan Ortega
Al vino y al café
A los M, a C, a B y M, a F, a JM, JC y P
A Luis Carrasco Bordas
A febrero
Con mucho dolor y con la esperanza de que todo se
desarrolle lo mejor posible dentro del horror a cada
afectado por la tragedia de los terremotos
Al niño de Grethel
Y a las personas con sensibilidad y sensatez


