Por: Cristina Padín.
Fueron a visitar a los ancianos que vivían en una residencia. Era un programa que llevaba a cabo la escuela. Y decidieron que aquella tarde de finales de marzo, tan bonita y llena de luz, les leerían el cuento que habían escrito entre todos. Tanto odio, tantas noticias repletas de cosas grotescas… Los abuelos necesitaban paz, serenidad, sensatez.
El cuento trataba sobre un perrito. Habitaba en una aldea gallega, una de la Ribeira Sacra, donde dicen que la belleza habló con Dios para ofrecer entre los dos
ese manto de arte natural con alma y duende… El perro esperó en la puerta de la casa durante un año entero. Pero su dueño nunca volvió. Había muerto, víctima del cáncer, en un hospital. El perro jamás de cansó de esperar…
Ahora, en cambio, vive en una finca en Madrid y se dedica a alegrar las tardes a los chicos que acuden allí a entrenar porque quieren ser toreros. Es una finca maravillosa. Como el animal languidecía de tristeza… los vecinos pensaron hacer algo. I pasaba algunos fines de semana allí, amaba Galicia, y optaron por
proponerle que se llevara al perrito. Así lo hizo… y ahora disfruta lances taurinos…
Simplemente quise escribir algo
bonito
A los ancianos, a todos
ellos
A las escuelas taurinas
A la Escuela de Juli,
inspiró este relato
Al toreo y a los chicos
que quieren ser
toreros, como Elías
A mi querido Luis
A Galicia y a Ribeira
Sacra: una joya
A los colegios, a los
profesores, y a sus
fantásticas iniciativas
A las personas que opinan
con respeto y sin odio
A los perritos y a Morante
A la lealtad
A personas valientes y a personas que trabajan
a diario por el toreo


