Por: Cristina Padín.
La mujer que estaba tumbada en la arena de aquella playa tan bella rompía el silencio con sus horrendos gritos… racista y prepotente hablaba palabras que harían llorar a los ángeles… incapaz de buscarse la vida si no hubiera nacido con dinero… Soberbia..
El hombre que nada más sabía engañar leía noticias en su teléfono en aquella playa. Sin duda atento como ave de carroña para tramar algo y estafar a alguien. Ser horrendo!
La chica que había acosado en el colegio a una niña que luchaba contra un grave enfermedad ni podía recordarla. No era guapa pero creía que sí. Le decían que era la más mona de España y se pasó la tarde haciéndose fotos. Ajena a la vida. Era yo-yo.
Para todos ellos amanecería un 19 de abril. No para aquel anciano. Lector, generoso, amante del toreo. Fallecería aquella noche. Un hombre bueno. Un tipo estupendo.
Y Dios? Por qué lo permite? Qué poco sabe.. diría la niña.
Lo sabe todo, diría la anciana. Es la bonita sabiduría de Dios. Seguro que necesitó a ese señor tan magnífico. Por eso se lo ha llevado. Los otros no valen nada…
Dedicado a las personas
buenas
A esas tres del principio
las estoy creando para una
novela
Al toreo
A los M
A Carlos
A los valientes
A mi Luis
A esta playa y a la playa
A abril
Y a RV


