Ciencia y Cultura, hasta la sepultura.
Por: Victor M. García de la Hoz
Los historiadores difieren acerca del origen de estos
simpáticos elementos de juego, de entre todas las versiones me parece que las
mas “creíbles” pueden ser estas:
El dramaturgo griego Sófocles, del siglo V a. C., atribuye
la invención de los dados a un tal Palamedes, el mismo que inventó el
disco, el dedal y un sinfín de cosas útiles.
En esa misma época, Herodoto dejó escrito en el 416
a. C. que fueron los Lidios (actual Turquía) los que crearon los dados. Su función
era entretener a sus ejércitos los largos tiempos de espera a que les obligaba
el asedio de su ciudad en tiempos del rey Athis.
El historiador grecorromano Plutarco, asegura en el
siglo I que los dados son
un invento de los
antiguos egipcios. De hecho, se han encontrado dados en tumbas egipcias del segundo milenio antes de nuestra era.
Personalmente puedo creer que la versión de los egipcios me
parece la más creible, sin embargo, está en cada uno decidir a cual reconocerle
la mayor veracidad.
Respecto al “juego de los dados”, incluso tres siglos antes
de la era cristiana
las
mujeres asiáticas jugaban empleando la tibia del cordero o de la cabra, de
forma alargada, cuyas cuatro caras se numeraban para jugar. Eran dados muy toscos, pero
hacían funciones idénticas al dado actual.
El primer dado cúbico con sus seis caras señaladas de la
historia fue la tessera de
marfil, hueso o madera. Rápidamente los griegos y romanos se hicieron
aficionados a este juego conocido como tesserae. Una de las pinturas mejor conservadas de Pompeya, del siglo
I, muestra a un grupo de mujeres jugando dados.
En la India, predecir el futuro mediante los
dados es una vieja creencia llamada ramala, para lo cual se emplean dados
cúbicos con puntos en forma de ojo de pájaro. En la epopeya
del Mahabharata, escrita en sánscrito en el siglo I, se hace referencia a este tipo de dados.
Además del dado cúbico de seis caras los hubo de cuatro,
cinco y siete caras. Los moriscos
españoles empleaban dados alargados. Hubo escuelas de dados, e incluso hermandades relacionadas con este juego.
En Inglaterra, sacerdotes e incluso obispos estaban
enganchados al juego de los dados, según lo describe Ordericus Vitalis en el primer
cuarto del siglo
XII. El juego de los dados, en los que los jugadores apostaban
de todo, llegó a provocar muchísimos problemas, tanto así que -por ejemplo- en la Castilla
del siglo XVI tuvo que
ser prohibido jugar a los dados, fabricarlos y venderlos.
Durante los siglos XVII
y XVIII, los dados eran un entretenimiento
de soldados y gente de escaso entendimiento. Se tiene registro de una multitud de modalidades diferentes para jugar
con ellos, se conocen los nombres (ases, azar, el 15, la Corona, el ancla,…),
aunque las reglas son -practicamente todas- desconocidas.
Durante el siglo XIX y principios del siglo XX, los dados no gozaban de buena reputación, ya que era
una forma de apostar que estaba al alcance de cualquiera, y con la apuesta, los
problemas derivados del juego.
Encontré una curiosa frase cuyo origen se puede ubicar a
fines del siglo XIX en España: “Las canicas, para chicos; las
muñecas, para chicas; el ajedrez para los sesudos y nobles; los dados, para
golfos, pícaros y soldados.”
Para completar diremos que la etimología de “dado” puede
provenir del árabe dadd, que significa juego, y/o del persa dadon,
con el mismo significado.
¿Y
los dados de los casinos de hoy?
Seguramente todos tenemos un par de dados en casa, o al
menos hemos visto o jugado algún juego de mesa con ellos. ¿Cuál es la
diferencia de esos dados con los que se utilizan en el casino?
Existen tres diferencias básicas entre los dados que usted y
yo conocemos contra los que se utilizan en un casino.
- Los
dados de casino son transparentes. Esto es para hacer evidente que no hay
posibilidad de que por la presencia de una burbuja, o un “plomo”
dentro del dado (dados cargados), se favorezca que el dado caiga en cierto
número. - Los
dados de casino no tienen las esquinas redondeadas. Sus aristas son
perfectamente rectas y forman ángulos perfectos, esto con la finalidad de
evitar que el dado quede “parado” al apoyarse sobre una ficha y no
defina perfectamente la cara o número que cayó. - Las
caras del dado son totalmente planas, y solamente se imprimen los puntos que
marcan el número de la cara; cuando la pintura que marca los puntos del número
en alguna de las caras se cae, el dado es inmediatamente desechado y destruido.
En los dados que usted y yo tenemos en casa para jugar turista o algún juego de
ese tipo, las caras tienen un socavo para cada punto con la intención de que,
aunque se le caiga la pintura, se puede saber el número al que equivale la cara,
eso “desbalancea” el peso de cada cara pudiendo “ayudar” a que caiga cierta
cara hacia arriba, razón por la cual no se usan en los casinos.
Como lo hemos dicho, la intención es hacer absolutamente
“transparente” la posibilidad de que el dado caiga realmente al azar
sobre cualquiera de sus caras.
La segunda imagen representa un dispositivo usado para verificar el balance de un
dado.
Además, estimado lector, hay que saber que las caras
opuestas del dado siempre suman siete, esto es, la cara con el uno es opuesta a
la del seis, la del dos a la del cinco y la del tres a la del cuatro.


