Ariadna
Lara es una mujer activa, y a la vez, dispersa. Puede estar dando clases de
química –es ingeniera de profesión- en una preparatoria un día, pintar un
gigantesco mural al otro o diseñar blusas al siguiente.
Entrevistada
en la galería “Dos Mundos”, del también artista Ariel Guzmán, Lara Rodríguez
sostiene alegre un cuadro recién hecho, que ilustra una escena entre Kurt
Cobain, el legendario y fallecido vocalista de Nirvana, y su esposa Courtney
Love. Los tonos rojos, amarillos y azules dominan su creación.
A
pesar de que lleva poco más de un año dedicándose en forma a pintar, “Ari”,
como le gusta que le llamen, llevó desde muy pequeña dentro de sí esa vocación
artística, que hoy combina con su pasión por la ciencia y el conocimiento.
Dice,
que una de sus grandes inspiraciones es haber tenido que ver lo que ponía su
padre en la televisión al momento del almuerzo, principalmente documentales de
ciencia.
“Me
encanta consumir documentales, moda, cultura, ciencia, y saber los avances
astrofísicos y de química cuántica. Así, estudio cuando no tengo la intención
de hacerlo. Estar consumiendo mi tiempo en dejar entrar información y
transformarla, esa es mi inspiración”, cuenta.
De la
misma manera, indica que uno de los parteaguas su formación como artista fue
Ariel Guzmán, destacado pintor y escultor radicado desde hace casi tres décadas
en la península, con estudios académicos en Canadá, Alemania y Suecia.
Antes,
estudió el primer semestre de la carrera artes visuales en la UADY, pero se
salió al no gustarle la formalización del arte ni la impersonalidad de tener
siete u ocho profesores cada semestre.
“Con
Ariel aprendí una nueva forma de trabajar, es muy especial. Lo conocí por medio
de uno de sus sobrinos, vine (a su galería Dos Mundos, en la colonia México) y
me fascinó”, enfatiza.
Los
adjetivos que la definen, en sus palabras, son la obsesividad, visión,
dedicación y el capricho.
“Cuando
estoy haciendo un cuadro que me gusta mucho o con el que me identifico demasiado,
me urge terminarlo, no puedo dormir tranquila (risas)”, narra.
“Al
momento de tener el pincel en la mano todo es calma, precisión y mucha
disciplina. Estoy ahí cada segundo que paso en el cuadro. Veo uno que hice y sé
exactamente cómo lo hice”, agrega.
Lara
Rodríguez señala que es de vital importancia para ella no caer en el “cansancio
creativo”, pues piensa que eso genera conformidad, por lo que procura que lo
que pinte o dibuje todo sea como se lo imagina en su mente.
En
cada cuadro, explica, se puede, dependiendo de su tamaño, tardar entre uno y
cinco días en terminarlo.
Tras
más o menos un año de pintar en forma y de manera constante, Ari asegura que, a
sus 28 años, está en el mejor momento de su vida.
“Estoy
muy feliz, me siento muy bien conmigo misma y eso pienso de las personas
creativas, que hasta cuando estamos mal nos hace bien ser pintores, nos hace
bien esculpir, bailar, cantar, porque lo sacamos, nos hace bien, lo malo se
va”, expresa.


