Hace justamente 100 años, el 1 de julio de 1916, la población de la Costa Este de Estados Unidos, sobre todo la de la zona noreste, estaba al parecer convencida de que ningún ser humano había sido atacado por un tiburón en las frías aguas del área.
La noción de la población y los expertos en la materia era que los tiburones no se aventuraban al norte y se restringían a las zonas más cálidas, en aguas tropicales mucho más propicias para esos grandes escualos. Las aguas en torno de la Florida, en efecto, tienen el mayor índice de ataques de tiburón del país, para nada el caso de las costas del noreste.
Incluso, como relata Rick Shenkman en History News Network, para retar esa idea a finales del siglo 19 un millonario ofreció 500 dólares, una fuerte suma para la época, a quien pudiera probar esa inexistencia de ataques de tiburones contra personas en la Costa Este. Uno podría decir que la certidumbre sobre la imposibilidad de una situación así era un tanto pretenciosa o petulante, pero era el consenso y muchos pensaron en su momento que ese rico apostador iba a tener que pagar.
Esa creencia fue sacudida de modo terrible, aunque tuvieron que pasar un par de décadas para ello. La forma como eso sucedió fue del calibre de un blockbuster cinematográfico.
Cuando en 1916 arribó el verano a las costas del noreste estadounidense, y muchos se disponían a disfrutar del mar y la playa (en contraste, Europa estaba entonces sumida en la matanza de la Primera Guerra Mundial, conflicto del que Estados Unidos se mantenía todavía al margen), la violencia los tocó con fuerza inusitada y la sangre empapó no el campo de batalla sino las aguas de las riberas de New Jersey.
Así, el 1 de julio de 1916 la familia Vansant, de Filadelfia, se registró en un elegante hotel en Beach Haven, New Jersey. Charles Vansant, cuenta Shenkman, era un joven universitario y deportista de 25 años, por lo que a poco de llegar a la playa, a eso de las 6 pm, se dispuso a nadar en el océano. Toda parecía de una placidez singular, pero de repente la situación cambió. Vansant comenzó a gritar pidiendo ayuda mientras era arrastrado bajo el agua.
Un tiburón era el responsable y aunque gente acudió en ayuda de Vansant el tiburón lo retuvo entre sus fauces y cuando finalmente lo hizo era ya demasiado tarde. Las graves heridas que causó el tiburón le provocaron a Vansant la muerte.
La confianza en que la apuesta de los $500 iba a mantenerse vigente se disipó.
Y la cosa no acabó allí. Unos días después, en una playa 45 millas al norte de Beach Haven, Charles Bruder, de 28 años de edad, nadaba a poca distancia de la costa cuando un tiburón se abalanzó sobre él. Le arrancó la pierna derecha y luego prosiguió con la izquierda, todo ante la mirada de los vacacionistas que se encontraban paseando en la playa. Bruder, contó Shenkman, murió al poco tiempo por sus brutales heridas.
La presencia de tiburones “come hombres” en la Costa Este quedó así probada con dos trágicas muertes. Y la pesadilla aún no terminaba. Un tiburón subió por un cañada varias millas agua arriba y atacó y mató a un niño y a un hombre que trató de ayudarlo. Cuatro víctimas fue el saldo de ese brutal despertar.
Al final, un pescador atrapó un gran tiburón y aunque no pudo comprobarse que ese escualo fue el responsable de esas muertes, o al menos de alguna de ellas, con ello cesaron los ataques y la comunidad de New Jersey pudo respirar, y nadar, tranquila.
A la postre, una novela cuyo argumento se centra en una serie de brutales ataques de tiburones en playas del noreste estadounidense llegó a las librerías y fue un éxito de ventas: ‘Jaws’, libro que luego fue llevado a la pantalla en la película homónima y que en muchos sentidos fue el pilar del actual icono del tiburón asesino (aunque tal calificativo sea debatido frecuentemente por la comunidad científica).
Según Shenkman, el autor de Jaws, Peter Benchley negó haberse inspirado en los ataques de 1916 para escribir su novela. Pero las similitudes son, al menos, evocadoras.
Sea como sea, la idea del tiburón devorador de humanos está ya fija en el horizonte de los medios y el cine. Y aunque cada año se registran ataques, en buena medida se trata de un fenómeno que ha sido con frecuencia sensacionalizado (por ejemplo, de 1958 a la fecha se han registrado 1,104 ataques no provocados de tiburón contra personas con 35 muertes, menos de una al año) la imagen de las tremendas fauces llenas de dientes en pos del nadador despreocupado está ya clavada, como una poderosa mordida, en la cultura estadounidense y la de muchas otras partes del mundo.


