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Las divergencias entre lo que nutricionistas y público consideran, o no, alimentos saludables

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Elegir una dieta nutritiva y saludable, u optar por ingerir alimentos o bebidas de sabor atractivo pero dudoso o negativo valor nutricional, es desde luego una decisión de peso. Pero en ocasiones conocer qué de lo que uno se lleva a la boca cae en la categoría de saludable no es precisamente automático ni hay en ello necesariamente un consenso entre los especialistas y el público en general.

Lo que un experto dice que es saludable puede ser considerado pernicioso por los comensales de a pie, y viceversa: muchas personas creen que lo que comen es saludable en contradicción con lo que de ese alimento opinan los expertos.

Ante esa encrucijada, el periódico The New York Times y la encuestadora Morning Consult realizaron un sondeo para tratar de clarificar qué alimentos son considerados saludables y por quién. Para ello preguntaron a cientos de expertos, miembros de la Academia Americana de Nutrición, y a una muestra relevante de la población estadounidense. Los resultados son, digamos, estadísticamente suculentos.

Por ejemplo, la granola es apreciada por los consumidores (y muy promocionada por sus fabricantes) como un alimento saludable: el 71% del público cree que las barras de granola son muy saludables y el 80% cree ello de la granola como tal. Pero los expertos al parecer creen que ese alimento está sobrevaluado pues solo el 28% de los nutricionistas en el estudio indicaron que las barras de granola son saludables, y el 47% dijo lo mismo de la granola en general.

Otros elementos que son percibidos contradictoriamente son, por ejemplo, el aceite de coco y el yogurt congelado. Sobre ellos, el 72% y 66% de las personas creen, respectivamente, que esos productos son saludables, pero sólo el 37% y 32% de los nutricionistas lo creen.

En contrapartida, alimentos que la gente encuentra poco o no del todo saludables sí lo son para los expertos. Así, la quinoa y el tofu son muy valorados por los expertos, pues 89% y 85%, respectivamente, los hallan saludables, pero sólo el 58% y 57% de la gente lo cree así. Otros casos de diferencias entre la valoración favorable de los expertos y la gente son el sushi (75% de los expertos vs 49% del público), el hummus (90% vs 66%), el vino (70% vs 52%) y los camarones (85% vs 69%).

Y ciertamente hay consensos: nutricionistas y público encuentra las manzanas, las naranjas, al aceite de oliva y las espinacas muy saludables, y a las sodas dietéticas, el pan blanco y las galletas de chocolate como poco saludables. Otra cosa es, ciertamente, la magnitud del consumo de cada uno de esos productos.

Pero la pregunta que salta a la vista, y que se formula el Times, es por qué hay diferencias tan hondas en las apreciaciones de la gente y los expertos sobre lo que consideran saludable y lo que no.

Entre las razones mencionadas figuran que el público muchas veces no conoce la cantidad de ingredientes añadidos (azúcares, grasas) que ciertos productos tienen mientras que los expertos sí lo saben ; que hay alimentos nuevos en comparación con la dieta tradicional y por ello no son conocidos o apreciados por el público aunque lo sean por los expertos; que los lineamientos nutricionales han cambiado y que alimentos antes mal valorados se han apreciado recientemente, un cambio que es obvio para quienes se dedican a estudiar el fenómeno pero no para el público en general; o que ciertos productos consumidos con moderación tienen efectos benéficos que se tornan hostiles cuando se ingieren en exceso, aunque el público no comprenda esas diferencias a cabalidad.

Y también, ciertamente, hay casos en que los propios expertos disienten y otros en los que, a causa de la intensa promoción de sus fabricantes, el consumidor ha llegado a sobrevalorar sus beneficios o a menospreciar (o asumir como algo inevitable pero delicioso) sus defectos nutricionales.

En este sentido, al menos en lo tocante a los alimentos procesados, los nuevos lineamientos de etiquetado de la Administración Federal de Alimentos y Medicamentospermitirán a la población comprender mejor la cantidad de azúcares añadidos en cada producto y la cantidad de este ingrediente y del resto que ingiere por cada porción del respectivo producto.

Y posiblemente sea cuestión de tiempo, educación y sentido común corregir la desviación entre una dieta saludable y lo que en efecto ingiere cada persona. Aunque no hay una receta final o definitiva para ello, sí hay lineamientos básicos en torno a los cuales cada uno puede añadir sus preferencias y gustos. El Times menciona, entre ellos: comer lo más posible alimentos no procesados y lo menos posible alimentos procesados, comer lo más posible alimentos no procesados preparados en casa, al comer fuera hacerlo en restaurantes que preparen sus menús primordialmente con alimentos no procesados y consumir sal, grasas, alcohol y bebidas azucaradas con moderación.

Así, el resultado será de muy buen provecho.

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