Hubo un héroe inesperado en la figura de Éder, quien anotó su primer gol en competición oficial con Portugal al definir con un potente disparo desde fuera del área en el minuto 109 para desnivelar un partido que se dirigía a la definición por penaltis en el Stade de Francia.
Fue un gol al mejor estilo de Cristiano Ronaldo, el capitán y líder, que salió del partido lesionado entre lágrimas, pero que después lloró de alegría en la celebración del tanto de Éder y al levantar el trofeo que certificaba el primer título internacional de la selección absoluta de toda su historia.
Ronaldo no pudo ayudar desde el campo, pero su espíritu fue absorbido por cada uno de sus compañeros que en un monumental despliegue se multiplicaron para aguantar los ataques de Francia y golpear tras desgastar sus fuerzas y ánimo.
Si había un guión predispuesto desde el inicio, con Francia atacando y Portugal defendiendo a la espera de un contragolpe, éste se acentuó en el minuto 17 de partido, cuando en una entrada fuerte, pero fortuita, Dimitri Payet lesionó a Cristiano Ronaldo.
Ronaldo lo intentó, regresó al terreno de juego, corrió un balón y pidió el cambio. No pudo ser. Las lágrimas de impotencia lo dijeron todo. Se había acabado su Eurocopa.
Ronaldo fue sustituido por Ricardo Quaresma y Portugal asumió su final. Mantener las posiciones, cuidar los espacios, concentración y disciplina.
Francia tuvo que exigirse para encontrar una vía hacia el gol, que fue apareciendo esporádicamente con las cabalgatas de Sissoko por el centro del campo o con algún balón al área que llegaba a la cabeza de un compañero.
Ocurrió con un preciso cabezazo de Griezmann, que se encontró con la mano salvadora de Rui Patricio.
El número 1 de Portugal se convirtió en la figura al responder cada vez que fue exigido, sea por un remate con potencia desde lejos o en un disparo cruzado en el área de Olivier Giroud.


