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EEUU desperdicia miles de millones de toneladas de comida

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El desperdicio de comida en Estados Unidos es, literalmente, un fenómeno de proporciones inmensas. En Estados Unidos, cerca de un 40% de todos los alimentos producidos acaban en la basura, de acuerdo al portal End Food Waste Now. Algunas fuentes sitúan ese desperdicio en proporciones aún mayores.

En paralelo, 48.1 millones de estadounidenses (entre ellos 15.3 millones de niños) viven en hogares con inseguridad alimentaria, según Feeding America. Y muchos millones más no consumen dietas apropiadas para una vida saludable.

Según estadísticas oficiales, 133 mil millones de libras de comida (59,400 millones de kilogramos) se pierden cada año, sobre todo frutas y verduras, creando no solo enormes oportunidades perdidas en materia de alimentación sino también problemas de índole socioeconómico y medioambiental.

Esa dicotomía resulta así especialmente punzante: mientras millones de toneladas de alimentos se van a la basura, millones de personas no saben si tendrán comida en sus mesas el día siguiente o, de plano, sufren los estragos del hambre. ¿Cuáles son las causas de ese enorme desperdicio de alimentos valiosos y, sobre todo, cómo puede mitigarse?

The Atlantic, por ejemplo, indica que una de las razones principales es que esos alimentos son en Estados Unidos más baratos que en otras regiones del mundo, y por ello el desecharlos, incluso cuando aún son apropiados para el consumo humano, resulta una práctica fácil o aceptada, a veces incluso conveniente. Subsidios a la producción de varios cultivos clave han contribuido a ello, pero también la tendencia del consumidor a preferir alimentos, sobre todo en el ámbito de las frutas y verduras, que tienen una apariencia agradable, inmaculada. Pequeñas marcas, coloraciones o imperfecciones bastan para que un comprador no seleccione ese vegetal para comprarlo, o para que lo deseche si ya lo tiene en casa.

En consecuencia, millones de toneladas de alimentos perfectamente comestibles se van a la basura en granjas, supermercados y hogares por cuestiones económicas y de preferencias en muchos sentidos subjetivas o hasta frívolas (un punto oscuro en la banana, una magulladura en la manzana, una zanahoria de forma peculiar).

En ese sentido, las autoridades de la Agencia Federal de Protección al Medio Ambiente calculan que en Estados Unidos una familia promedio de cuatro personas tira a la basura alimentos (sobre todo vegetales) con valor de 1,600 dólares al año. A escala nacional, el valor económico de ese desperdicio es de miles de millones de dólares. El peso moral de ese desperdicio es, también, enorme, sobre todo si se considera el gran sufrimiento de quienes en el país y fuera padecen por falta de comida y las posibilidades de atención del hambre y la malnutrición que se abren si esos alimentos son aprovechados de modo más inteligente.

En 2015, el gobierno federal se propuso reducir el desperdicio de alimentos en Estados Unidos, con la meta de hacerlo en 50% en 2030. En colaboración con entidades públicas y privadas, la idea es abatir el desperdicio de comida tanto evitando que ésta acabe en la basura como canalizando los excedentes, que de otra manera habrían sido desechado, hacia organizaciones y poblaciones que pueden aprovecharlos.

Muchas entidades y personas se han unido a esa tarea desde diferentes perspectivas. Por ejemplo, organizaciones de supermercados se comprometen a canalizar los alimentos viables y valiosos pero que habrían acabado en la basura para que sean aprovechados por otras instancias, tanto otras tiendas como organizaciones.

Y han surgido iniciativas singulares como Imperfect Produce, que comercializa a bajo precio los vegetales que, por sus imperfecciones o aspecto, son desechadas por otras instancias pero son perfectamente saludables y nutritivos. Otros casos proponen soluciones para realizar en casa. Por ejemplo, el libro ‘Waste-Free Kitchem Handbook’ (Manual para una cocina libre de desperdicio) de la científica Dana Gunders ofrece recetas y consejos para aprovechar al máximo la comida y el dinero de la compra, de modo delicioso, saludable y ahorrativo.

Reducir ese desperdicio tiene, así, beneficios económicos, humanitarios, socioeconómicos, medioambientales y culturales, además de tener el respaldo de su imperativo moral. Todos pueden participar en ello y, a gran escala, hay una variedad de propuestas para contribuir a reducir esa pérdida de valiosa comida.

Así, la iniciativa ReFed, en la que colaboran 20 organizaciones, empresas, fundaciones con el gobierno de Estados Unidos, propone 27 soluciones para resolver el problema del desperdicio de alimentos. 12 de ellas tienen que ver con evitar que ese desperdicio se produzca inicialmente, 7 de ellas con la recuperación de alimentos desechados pero perfectamente comestibles para ayuda a las perdonas necesitadas y 8 soluciones para reciclar y reaprovechar aquellos desechos y evitar que se conviertan en factor contaminante.

El conjunto de esas acciones no solo ayudará a reducir el desperdicio y mitigar el hambre en el país, dos objetivos de suyo cruciales, sino que también crean empleos, protegen el medio ambiente y generan beneficios financieros.

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