Entre quien le dispara a un par de jóvenes que llevaban horas frente a su domicilio, enajenados con sus celulares a la caza de pokémones, y aquellos que de tanto desconectarse del mundo entraron sin querer en una unidad militar con las narices metidas en sus teléfonos, también hay respuestas ocurrentes de quienes no pensamos morder el anzuelo de la Pokemanía.
Ocurrió en algún sitio de este planeta. No importa dónde haya sido, porque ahora mismo esta fiebre seduce tanto a los australianos como a los habitantes de Alaska.
Un vecino se vio tan importunado por la presencia sucesiva de adeptos y adictos a este juego que decidió pegar un cartel en un sitio bien visible de su entorno.


