A la mitad de las inmensas planicies de Kansas, en un área de tranquilas casas rurales, la información de una compañía dedicada al mapeo de sistemas IP y el tráfico en internet y a la detección de fraudes en línea sugería hasta hace poco que en ese lugar se yergue un inmenso centro de cómputo, posiblemente una enorme ‘granja de servidores’ desde donde operan multitud de empresas de comercio electrónico y servicios en línea.
Pero allí las únicas granjas que hay serían las tradicionales, con sus animales, sus cultivos, su serenidad pastoril. Y la sola computadora presente se habría usado mayormente para escribir lecciones y cartas, a veces para una ligera navegación de internet. Nada que ver con un magno centro de operaciones digitales.
No obstante, para los habitantes de ese lugar, su conexión con el mundo de internet se habría convertido en un infierno al grado de que han tenido que presentar una demanda para tratar de recuperarse de ello.
James y Theresa Arnold, quienes viven en una casa rural en Potwin, Kansas, propiedad que le alquilan a Joyce Vogelman Taylor, de 82 años de edad, presentaron una demanda contra la empresa MaxMind, que ofrece servicios de mapeo de direcciones IP. La causa es que por una razón aún no cabalmente explicada, los datos de esa empresa señalaban al patio de la vivienda donde residen los Arnold como el lugar donde se encontraban los equipos de cómputo que operan más de 600 millones de direcciones IP (los números de identificación y ubicación de los sistemas de internet), de acuerdo al periódico The Washington Post.
Eso ha provocado que, durante años, la residencia de los Arnold haya sido asociada con multitud de irregularidades, abusos y hasta delitos relacionados con los números IP que fueron ‘mapeados’ a su casa. Por ejemplo, narra el Post (que retoma una historia originalmente revelada por Fusion), los Arnolds han recibido llamadas telefónicas de personas irritadas porque sus cuentas de email han sido saturadas de mensajes y encarado visitas de policías y otras autoridades que han llamado a su puerta acusándolos y buscando autos robados, operaciones de pornografía infantil, evasores de impuestos, ladrones de identidad, suicidas en potencia.
Además han debido soportar frecuentes muestras de acoso de personas molestas o simplemente deseosas de jugarles una mala pasada. Hasta un viejo y roto toilet fue una vez dejado en la vereda que da a su casa.
Pero Arnold y Taylor nada tendrían que ver con ello y su vinculación a todas esas situaciones se habría originado en que MaxMind, al realizar su mapeo de direcciones IP, con frecuencia no cuenta con información suficiente para hacerlo a cabalidad con muchos de esos números. Así, cuando solo se sabía que el número IP se ubicaba en Estados Unidos pero no había más datos al respecto, los sistemas de MaxMind asociaban por defecto esas direcciones IP con unas coordinadas geográficas específicas, que resultaron coincidir con el patio de la casa donde viven los Arnold.
Y dado que, como originalmente descubrió Kasmir Hill de Fusion, MaxMind había ubicado unas 600 millones de direcciones IP con las coordenadas de la vivienda de los Arnold, todo aquel que recurría a la información de ese mapeo para dilucidar el origen o el flujo del tráfico de internet relacionado a uno de esos números IP acababa identificando el patio de esa casa rural en Kansas.
Y aunque MaxMind aceptó haber realizado esa asignación de direcciones IP a las coordenadas de la casa de los Arnold (lo hicieron, se indicó en su momento, varios años atrás sin tener entonces en cuenta que esa información se usaría para tratar de ubicar específicamente un número IP con una dirección a nivel muy específico) y movió su ubicación por defecto a la mitad de un lago, los Arnold consideran que sus padecimientos han sido demasiado dolorosos y piden en su demanda contra la empresa una compensación de 75,000 dólares más otros costos incurridos, de acuerdo a Fusion.
El asunto está en litigio y MaxMind no habría comentado al respecto. Pero 75,000 dólares por 600 millones de IP mal ubicadas y cantidad de molestias sufridas por los Arnold durante varios años no parecería muy oneroso, máxime si, como se señala en la demanda, los demandantes alegan que MaxMind colocó sobre ellos una “luz falsa”, “invadió su privacidad” y les provocó “gran daño emocional, miedo por su seguridad y humillación”.
Habrá que esperar la decisión de la justicia.


