El alto precio de las plumas EpiPen para control de reacciones anafilácticas severas en Estados Unidos ha generado multitud de titulares en la prensa y hasta críticas de candidatos presidenciales, pero un alza de otro medicamento, mucho más consumido e indispensable para preservar la vida de millones de personas, está creando una crisis a enorme escala, sin que se le haya dado al problema toda la atención que amerita.
La insulina, una hormona que es el medicamento básico para los diabéticos, se ha elevado de precio dramáticamente en Estados Unidos, al grado de que ya ha desatado una crisis: incontables pacientes simplemente no cuentan con los recursos para comprarla como se les ha recetado y a veces deben esparcir su dosis de modos riesgosos, pero que sería su única solución a la mano, como narró el doctor Justen Rudolph al periódico Montana Standard.
De acuerdo a la revista Time, 29 millones de personas padecen diabetes en Estados Unidos y deben recurrir a la insulina para controlar su enfermedad. Pero el precio de un mililitro de insulina ha subido 200% en los últimos años, pasando de 4.34 dólares en 2002 a 12.92 dólares en 2013.
Y el alza no ha parado allí: el precio de la insulina, que en Estados Unidos es comercializada por sólo tres laboratorios, se ha disparado entre 2010 y 2015 y de modo simultáneo: el laboratorio Sanofi ha elevado el precio de su insulina en 168% en ese periodo, el laboratorio Novo Nordisk en 169% y el laboratorio Eli Lilly en 325%, de acuerdo a un artículo de la doctora Kasia Lipska aparecido en The New York Times hace unos meses.
Por añadidura, se afirma que esas alzas no tendrían que ver con falta de oferta o problemas de distribución. Rudolph señala tajantemente que estos incrementos de precios son producto de una manipulación que ha provocado ya una crisis de salud en todo Estados Unidos.
¿Por qué entonces un fármaco que lleva ya décadas en el mercado, y que es mucho más barato en otros países, es tan caro en Estados Unidos?
La causa principal, como comenta Business Insider, es que aunque la insulina se ha utilizado desde 1923 no existe en el país una variante genérica en el mercado, pues los laboratorios han conseguido, mediante adiciones y modificaciones, alargar la vida de sus patentes y ofrecen versiones nuevas de su propia insulina (dejando de lado sus versiones anteriores), con precios cada vez mayores.
Pero eso podría comenzar a cambiar a finales de 2016 y a partir de 2017 cuando farmacias en Estados Unidos comiencen a ofrecer una insulina ‘biosimilar’ (llamada Basaglar, fabricada por Eli Lilly, y similar al Lantus de Sanofi), ya aprobada por laAdministración Federal de Alimentos y Medicamentos (FDA).
A diferencia de otros medicamentos, la insulina humana se produce en laboratorios de modo biológico (mediante bacterias genéticamente modificadas, y anteriormente se usaba insulina animal) y por ello sus variantes “genéricas” en realidad no son idénticas al fármaco de marca que replican. Pero en el caso de este medicamento se trata de una versión suficientemente similar y por ello recibió aprobación.
Con todo, el arribo de la primera insulina biosimilar en Estados Unidos no necesariamente hará bajar los precios de esa hormona de modo automático (podría, incluso, seguir el mismo trayecto que las otras).
Y otro factor que estaría contribuyendo al actual encarecimiento de ese fármaco es que el precio que paga el paciente en una farmacia está afectado por los beneficios que logran los intermediarios que negocian con los laboratorios la compra de medicamentos en grandes cantidades con los que luego son surtidas las farmacias. Lipska estima que esa intermediación sería responsable de hasta el 50% del costo al consumidor de la insulina.
Por añadidura, las personas que cuentan con seguros médicos de alto deducible (que tienen primas mensuales más baratas y por ello son preferidos por los empleadores pero implican que el paciente desembolse más cuando utiliza su póliza) también han tenido que ver con el alza de los precios de la insulina en años recientes.
Unos a otros se pasan la papa caliente de la costosa insulina, mientras los pacientes luchan por poder pagar su dosis vital. Así, es indispensable que se ofrezcan más insulinas biosimilares y que se mitiguen las manipulaciones de precios que, en las diferentes etapas de la cadena, generan ganancias para laboratorios, intermediarios y farmacias, pero golpean al paciente. Para el diabético, el asunto es de vida o muerte y como tal debería ser abordado y resuelto.


