En mayor o menor escala, y con grados de influencia variables, siempre existen figuras dentro de los equipos de campaña de los candidatos presidenciales que, por su perfil, sus habilidades y sus capacidades, inciden en las decisiones que se toman con miras a la elección presidencial.
Dos nombres han sonado recientemente en ese sentido, uno entre los demócratas, otro entre los republicanos: Elan Kriegel y Rebekah Mercer. Se trata de personas de perfiles diferentes, pero ambos han recibido una fuerte dosis de atención pública tras ser perfilados recientemente en los medios. No es que ambos fuesen desconocidos, en realidad son figuras con una trayectoria de años y considerable influencia en sus respectivos ámbitos aunque no sean figuras mediáticas en sí.
Pero en el contexto de la actual contienda electoral, conocer más de su perfil y actividades ayuda a sumergirse en las aguas de la maquinaria que impulsa, respectivamente, a Hillary Clinton y a Donald Trump rumbo a los comicios del 8 de noviembre.
En ambos hay un factor en común, aunque de matiz diferente en cada caso: números, cantidades.
La información es poder
Kriegel es el director de análisis de datos de la campaña de Clinton (ámbito en el que también trabajó en la de Obama en 2012) y, de acuerdo con Politico, ninguna decisión importante se toma en el cuartel demócrata sin consultarlo. Kriegel, de 35 años, encabeza un equipo de 60 matemáticos y analistas que se dedican a recopilar y estudiar datos sobre votantes y otros factores, para identificar en dónde y en qué magnitud resulta más efectivo canalizar los recursos y esfuerzos de la campaña de Clinton, quien basa fuertemente su proselitismo en esa clase de información.
Kriegel, así, formula modelos, algoritmos y genera diagnósticos y predicciones. Con base en ello se han decidido inversiones millonarias en propaganda y actos de proselitismo de un modo muy específico: los datos de Kriegel indicarían en qué estados y mercados, en qué medios, incluso en qué programas, en qué otras plataformas o formatos y cuándo hacerlo.
Y el resultado han sido votos y victorias electorales.
La estructura y el conocimiento del equipo de Kriegel sería, así, uno de los más importantes activos de Clinton y, dado que Trump (e incluso el Partido Republicano en su conjunto) no cuenta con un modelo de uso y análisis intensivo de datos como el de los demócratas, la información generada por Kriegel es una vía para llegar al poder, y un instrumento poderoso en sí mismo. Los republicanos, se desprende del artículo de Politico, estarían ante ello carcomidos de envidia y tratan (incluida la campaña de Trump, que fue desdeñosa de la estrategias basadas en datos y priorizó apoyarse en la imagen personal del magnate) de emular, o al menos aproximarse, a una maquinaria como la de Kriegel.
Pero eso no se logra de la noche a la mañana, si bien el portal Ad Age comentó que la campaña de Trump estaría ya haciendo uso de esa clase de análisis, con apoyo, se indica, de la firma Cambridge Analytica, que trabajó para la candidatura de Ted Cruz durante el proceso primario republicano. La campaña de Cruz destacó justamente por un avanzado manejo de datos electorales.
En tanto, la maquinaria de análisis de Kriegel procesa datos continuamente, y su éxito hasta el momento tiene que ver con su capacidad para dar soluciones que den resultado a las necesidades específicas de la campaña. La información es poder, y esa noción se ha expresado hasta ahora claramente en la influencia y en los logros de Kriegel en beneficio de la campaña de Clinton.
Su gran objetivo es poner a su candidata en la Casa Blanca.
El poder de la riqueza
Rebekah Mercer, hija del magnate Robert Mercer, se habría convertido en una poderosa influencia dentro de la campaña de Trump y en un factor de peso en el Partido Republicano. Como comentó Vanity Fair, Mercer estaría en cierto modo ocupando un espacio, y sacando provecho sustantivo de él, del hecho de que dos grandes donadores políticos conservadores, los multimillonarios hermanos Charles y David Koch, se habrían reservado en este ciclo de elección presidencial, alejándose del candidato republicano Donald Trump, prefiriendo construir y apoyar liderazgos en la base conservadora con el objetivo de ir más allá de la elección de noviembre e impulsar el ideario conservador sea quien sea el ocupante de la Casa Blanca.
En cambio, Rebekah Mercer, de 42 años, estaría canalizando muchos millones de dólares, de acuerdo a Politico, tanto para apoyar la candidatura de Trump como para incidir en la transformación del Partido Republicano y alejarlo del establishment político tradicional. Las aportaciones económicas de los Mercer, ella y su padre, no son nuevas, pues han canalizado a varias organizaciones conservadoras sumas sustanciales en los últimos años para atacar a demócratas (Clinton incluida) y promover el pensamiento conservador (es integrante de la junta de la Heritage Foundation). Y es de destacar que Mercer sea una fuerte impulsora de Cambridge Analytica, propiedad en parte de su familia, y del uso de sus servicios primero por Cruz y ahora por Trump.
La propia Mercer habría volcado su apoyo y sus millones hacia Trump tras la derrota de Cruz en la primaria republicana, y Politico afirma que ella ha sido una influyente voz en las decisiones del magnate, incluidas las que modificaron su equipo de campaña para colocar a figuras que en el pasado han colaborado con Mercer o recibido apoyo de ella, nada menos que Steve Bannom, el nuevo CEO de la campaña de Trump y alto ejecutivo de Breitbart News, y Kellyane Conway, encuestadora y nueva jefa de campaña del magnate.
Mercer está ahora al frente de uno de los mayores SuperPAC en apoyo de Trump.
Detrás de la actividad de Mercer se hallaría su disgusto por el establishment republicano y su interés por reemplazarlo desde una perspectiva fuertemente conservadora. Por ello, Mercer ha apoyado a Cruz y luego a Trump, pues pese a sus diferencias (y a la distancia del magnate de muchas posiciones clave de la derecha) ambos rechazan el aparato político tradicional de Washington.
Al final, incluso si Trump es vencido por Clinton en noviembre, el peso y la influencia de Mercer tendrán efectos sustanciales en el futuro del movimiento conservador y del Partido Republicano, sacudidos severamente por el auge de Trump y, en el otro extremo, por el de Clinton. Ella será presumiblemente una figura de poder creciente en el porvenir de Estados Unidos. Y, por lo que se ve hasta el momento, si Trump llega a la Casa Blanca su triunfo habrá tenido que ver de modo significativo con el empuje de Mercer.


