“La realidad pide que hagamos algo más”. Las palabras sonaron fuerte en Nueva York, ante la Cumbre de Refugiados y Migrantes que se llevó a cabo en las Naciones Unidas como parte de la Asamblea General. Casi como una respuesta a las dramáticas imágenes de migrantes naufragando por el mediterráneo, o aquella de Alan Kurdi, el niño que murió en las costas de Turquía.
El presidente argentino se refirió a la situación de los refugiados sirios, un drama que conmociona principalmente a Europa, pero también al resto del mundo. Anunció así, oficialmente, “la ampliación de la recepción de refugiados de Siria o de sus países vecinos, privilegiando a grupos familiares con niños“.
El plan ya tiene unos meses de desarrollo en la Argentina, aunque no se había hecho público, y contempla algunas cuestiones que tanto Cancillería, dirigida por Susana Malcorra -candidata también a presidir las Naciones Unidas, aunque cada vez más lejos en la carrera- como Defensa y Migraciones están manejando con extremo cuidado. En qué consiste, qué números se manejan y qué lugar ocupa la Argentina como cobijo de refugiados a nivel internacional.
Qué busca el Gobierno
Argentina tiene una tradición de asilo muy abierta. Desde sus inicios de su historia, cuando con las oleadas migratorias de fines del siglo XIX la Nación recibió 4 millones de inmigrantes (provenientes principalmente de España e Italia, pero también de países árabes como Turquía y Siria).
En la actualidad, salvo restricciones específicas, ocurre algo similar: se trata de un país abierto “a todo aquel que quiera habitar el suelo Argentino”, como lo dice en el preámbulo de su Constitución Nacional. Y es por esto que es parte de los estados participantes en programas de refugiados.
Hay, sin embargo, un trasfondo más político y coyuntural que tiene que ver con la apertura hacia los inmigrantes. Tanto el presidente argentino como su canciller Malcorra abrieron al juego apenas asumió el Gobierno de Cambiemos para“recuperar” el espacio cedido por el kirchnerismo en el plano de la asistencia multilateral y regional.
Esto, a través de iniciativas como los cascos blancos (para llevar paz y ayuda a países en situaciones conflictivas) pero sobre todo con los programas de refugiados, que son los que más impacto en la imagen presidencial tienen.
Lo cierto es que un problema traba un poco la cuestión, y es el dinero: si bien hay acuerdos establecidos con algunos países europeos, el capital que necesita Argentina para financiar estos programas todavía no apareció. Se llegó a hablar de 10.000 millones de dólares.
Para tratar el tema, incluso, se creó una Comisión Nacional de Refugiados integrada por la Cancillería, los ministerios de Interior, Seguridad, Justicia y Desarrollo Social, además de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) y otras agencias vinculadas a tareas de seguridad e inteligencia.
Las vías de ingreso
La Argentina ya cuenta con un plan llamado Programa Siria, que le Gobierno de Macri heredó de la gestión de Cristina Fernández de Kirchner. A través de éste, Argentina ya había incorporado esta cantidad de sirios. A este proyecto, que establecía que una familia, un amigo o un conocido se hacía responsable de una persona o de una familia que quiera migrar a la Argentina, el Gobierno le haría unas modificaciones.
La segunda vía de entrada son las visas de vacaciones que los sirios adquieren y con las que terminan quedándose a vivir en el país.
Pero estas cuestiones empezaron algunos problemas.
En primer lugar, el Gobierno argentino había hablado de un plan de 3.000 refugiados sirios para acoger en la Argentina. Pero este número fue borrado del discurso de hoy -Macri no lo mencionó para nada- porque no se termina de entender si ese número no incluye ya a los 1.200 sirios que ya ingresaron al país luego de la guerra civil siria que comenzó en 2011.
Pero hay otro problema central para el plan del Gobierno argentino y es que, si bien las puertas están abiertas a la inmigración, faltan, precisamente, sirios: hay pocos “oferentes”, esto es, refugiados que quieran alejarse tanto de su natal Siria. Esto cobra relevancia si se toma el dato de que de esos 1.200 ya se han ido del país. Este es un dato llamativo en parte, si se considera que la Argentina tiene una comunidad sirio libanesa considerable al lado de las que tienen otros países como Brasil o Uruguay.
Por otro lado, organismos civiles y representantes de la comunidad siria no se mostraron del todo confiados en el Gobierno de Macri. Piensan, de hecho, que lo único que se ha hecho hasta este año es prolongar el Programa Siria implementado por el gobierno de Cristina Kirchner en 2014.
Durante el último mes, según datos de la Dirección Nacional de Migraciones, aparecieron apenas 150 solicitudes. Un número alejado de la cifra final a la que apunta Mauricio Macri.
La asignatura pendiente del siglo XXI
Lo cierto es que la situación en Europa es desesperante. Más de 300.000 refugiados cruzaron en lo que va de año el Mediterráneo para llegar a las costas europeas, de los que al menos 3.211 murieron o desaparecieron por el camino.
Esas 300.000 personas llegadas a Europa a través del Mediterráneo son 220.000 menos que el año pasado entre enero y septiembre. La diferencia está en el cierre de la ruta por el Egeo. Según dijo el secretario general Ban ki moon a su paso reciente por la Argentina, el problema en sí afecta a unas 65 millones de personas.
De hecho, es la primera vez que la Asamblea General de la ONU monta una conferencia especial para el tema de los refugiados y los desplazados.
Para llevar a cabo su plan, el Gobierno argentino se apoyó en las provincias, lo que en el país austral se conoce como “el interior”. Esto es fundamental, ya que en Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja, Salta, San Luis y Tucumán (esto es, principalmente, el norte del país) se encuentran asentadas las comunidades sirias en particular y árabes en general.
El Gobierno de Macri amplió la oferta no sólo a Siria sino también a países vecinos, entre los cuales se encuentran el Líbano, Turquía, Jordania e Irak. Quizás con esta medida, anunciada hoy, empiecen a aparecer más oferentes y la Argentina pueda volver a cumplir con el rol que cumplió siempre: el de abrir sus puertas a todo aquel que busque un lugar donde vivir.


